En medio del torbellino nostálgico del «TB 2016» que invade las redes, la mente viaja a esa Toluca de hace diez años: una ciudad más tranquila, donde el tiempo parecía correr más lento. Era la capital de una cotidianidad sencilla, antes de que la pandemia, la transformación urbana y la vorágine digital redibujaran por completo nuestra manera de vivir, de movernos, de sentirnos toluqueños.
El año de la transición política: un ayuntamiento en el aire
Era el 2016 y la política local respiraba incertidumbre. Martha Hilda González, figura priista de peso, había dejado la alcaldía para perseguir una curul federal. En su lugar, quedó Braulio Antonio Álvarez Jasso, heredando una administración que apenas comenzaba y que pronto se vería envuelta en el malestar ciudadano.
Aquel octubre, las calles se llenaron de voces que protestaban por recibos de agua abusivos, y entre consignas, muchos pedían la salida del nuevo alcalde. Una época de desconfianza que, sin embargo, hoy se mira con cierta melancolía, como el último suspiro de una forma de hacer política que pronto daría un vuelco total con la incursión de Morena como nueva fuerza política dominante.
La ciudad que ya no existe: paisajes y ritmos perdidos
Al recorrer aquellas fotos de Google Maps entre 2013 y 2016, el corazón se encoge al ver una Toluca que hoy parece de otro mundo. El pasaje del camión costaba ocho pesos, y nadie imaginaba un Tren Interurbano conectándonos con la capital del país.
Galerías Toluca era apenas un proyecto en el papel, y el Parque de la Ciencia Fundidores ni siquiera existía en nuestro imaginario. Se podía hacer parada en el Cosmovitral sin restricciones, pasear sin ciclovías, caminar sin señalamientos inteligentes.


El Toluca de entonces: una escuadra lejos de lo que es hoy
En el Nemesio Díez, aún lejos de ser considerado un estadio moderno, resonaban los gritos por un equipo que cargaba con diez títulos de liga. No estaba Paulinho, pero teníamos a Kike Triverio y a Fernando Uribe definiendo goles con esa garra que solo los ídolos de barrio saben tener. Un muy joven Alexis Vega asomaba como promesa, mientras la afición soñaba con volver a ver al Glorioso en lo más alto. Eran los días en que el fútbol se vivía con más corazón que espectáculo.


La vida antes del cambio: pequeños detalles que lo eran todo
En lo cotidiano, se respiraba otro aire. TikTok aún se llamaba Musical.ly, el cubrebocas solo se usaba en consultorios, y muchos de quienes hoy son profesionistas estaban en las aulas, soñando con un futuro que ya llegó.
No había tanta prisa, ni tanta pantalla, ni tanta distancia. Se vivía más hacia afuera, en las calles, en los parques, en los portales. Era la Toluca de los abrazos sin miedo, de las pláticas frente a frente, de los domingos en familia sin notificaciones interrumpiendo.


Mirar atrás para entender lo que somos
Recordar 2016 no es solo un ejercicio de nostalgia; es reconciliarnos con la ciudad que fuimos, con los cambios que nos atravesaron y con la esencia que, pese a todo, sigue latiendo bajo el asfalto nuevo, bajo las nuevas costumbres, bajo la memoria colectiva de quienes añoran, con una sonrisa, esa Toluca que ya solo vive en el recuerdo, aunque el presente se ve con ojos de progreso.


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