Por Mónica Monroy
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que, más que celebrarse, invita a reflexionar. No se trata solo de reconocer logros, sino de cuestionar por qué, en pleno siglo XXI, la participación femenina en ciencia y tecnología sigue siendo un tema de agenda global.
STEM: el lenguaje del futuro
La ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas —las áreas STEM— se han convertido en pilares del desarrollo económico y social. Son campos que hoy definen la competitividad de los países, la innovación empresarial y las soluciones a problemas globales como el cambio climático, la salud pública o la transformación digital. Hablar de STEM es hablar del futuro.
Brechas históricas y estereotipos persistentes
Sin embargo, históricamente estos espacios han estado marcados por brechas de género. Durante décadas, los estereotipos culturales asociaron la ciencia con lo masculino y relegaron a muchas mujeres a roles distintos. Aunque esta narrativa ha ido cambiando, sus efectos aún se sienten en la elección de carreras, en la permanencia en sectores tecnológicos y en el acceso a posiciones de liderazgo científico.
El cambio es posible
Lo interesante es que el panorama está evolucionando. Cada vez más niñas muestran interés por la robótica, la programación, la investigación científica y la innovación tecnológica. Las universidades reportan mayor participación femenina en ciertas áreas STEM y muchas empresas promueven programas de inclusión. La economía del conocimiento necesita talento, y ese talento no tiene género.
Pero el crecimiento no ocurre por inercia. Detrás hay políticas públicas, iniciativas educativas y esfuerzos de visibilización. Cuando una niña ve a una científica, ingeniera o astronauta, no solo observa una profesión: amplía su horizonte de posibilidades. La representación importa porque transforma lo que se percibe como alcanzable.
Diversidad, innovación y desarrollo
Impulsar STEM no es solo un asunto de equidad, también es una estrategia de desarrollo. Diversos estudios han señalado que los equipos diversos generan soluciones más innovadoras. En un mundo que enfrenta desafíos complejos, limitar el talento disponible es un lujo que ninguna sociedad puede darse.
La educación como punto de partida
Aquí la educación juega un papel central. Fomentar el pensamiento crítico, la curiosidad científica y la confianza en habilidades matemáticas desde edades tempranas puede marcar la diferencia. También lo hace el entorno familiar, los docentes y los modelos a seguir.
Del territorio ajeno al espacio propio
Quizá la pregunta no sea por qué necesitamos más mujeres en STEM, sino por qué durante tanto tiempo se desaprovechó su potencial. Hoy el reto es construir entornos donde las niñas no sientan que entran a territorios ajenos, sino que exploran espacios que también les pertenecen.
11F: una fecha que interpela
El 11 de febrero no resuelve la brecha de género en la ciencia, pero sí recuerda algo fundamental: el talento está distribuido de manera equitativa; las oportunidades, no siempre. Seguir impulsando STEM significa abrir caminos, cuestionar estereotipos y, sobre todo, permitir que más niñas imaginen —y construyan— su lugar en el futuro.
Porque el futuro de la ciencia no solo necesita más tecnología, necesita más diversidad humana.
Porque entender la realidad local implica mirar más allá de los datos y escuchar la experiencia cotidiana de las personas.


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