Por: Mónica Monroy
El acoso escolar no es un problema nuevo, pero sí uno que ha adquirido mayor visibilidad y preocupación en los últimos años. A nivel global, especialistas en educación y salud emocional han advertido un aumento en los casos y en su impacto psicológico. En México, y particularmente en el Estado de México, con frecuencia se conocen situaciones en escuelas que evidencian que aún faltan mecanismos efectivos de prevención y atención. Detrás de cada caso hay niñas, niños y adolescentes que cargan con miedo, ansiedad y, en los escenarios más graves, depresión o aislamiento social.
Más allá del castigo: la necesidad de atención psicológica y protocolos escolares claros
El bullying no solo afecta a quien lo recibe; también suele reflejar conflictos emocionales en quien lo ejerce. Por ello, abordarlo requiere más que sanciones: exige comprensión de fondo, acompañamiento psicológico y formación socioemocional. Sin embargo, muchas comunidades escolares todavía reaccionan de forma tardía o improvisada. Directivos, docentes y familias a menudo carecen de protocolos claros y sistemas seguros que protejan tanto a la víctima como a quien agrede, buscando corregir conductas sin estigmatizar.
Prevención del acoso escolar: educar en inteligencia emocional, empatía y respeto desde edades tempranas
Hablar de prevención implica comenzar desde edades tempranas. La educación en inteligencia emocional, la empatía, la resolución pacífica de conflictos y el respeto por la diversidad pueden marcar una diferencia real. Enseñar a nombrar emociones, pedir ayuda y poner límites sanos fortalece a los estudiantes frente a la presión social y reduce conductas de violencia. No se trata de formar generaciones frágiles, sino generaciones emocionalmente conscientes y responsables.
Escuela, familia y sociedad: una responsabilidad compartida para frenar el bullying
La escuela debe ser un espacio seguro para aprender y convivir, no un lugar de temor. Combatir el bullying es una tarea compartida: familia, escuela y sociedad. Escuchar a los estudiantes, creer en su palabra y actuar con oportunidad puede cambiar historias. Porque ningún logro académico compensa el daño emocional de crecer sintiéndose rechazado.
Porque entender la realidad local implica mirar más allá de los datos y escuchar la experiencia cotidiana de las personas.


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