✒️ Fernando Flores
¿Que fue: Abatimiento, asesinato o silencio?
La presidenta Claudia Sheinbaum fue categórica en su conferencia matutina: Estados Unidos no participó en el operativo. La declaración es pública, verificable y constituye —hasta este momento— la posición oficial del Estado mexicano.
Ese es el dato firme.
Pero el contexto exige algo más que una frase contundente.
Si el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), representa un hecho de alto impacto en materia de seguridad nacional, lo que ocurrió después trasladó el escenario del terreno operativo al terreno político y comunicacional. Circuló en múltiples plataformas un presunto mensaje atribuido al CJNG en el que se lanzaban amenazas amplias, mencionando desde estructuras electorales básicas hasta niveles superiores vinculados a Morena. Su autenticidad puede estar en proceso de verificación. Pero su difusión masiva es un hecho innegable.
Y cuando se trata de seguridad pública, lo que circula también impacta.
El riesgo de la negación automática
Hay tres planos que deben analizarse con precisión:
Declaración oficial: México actuó sin intervención extranjera.
Mensaje difundido: Amenaza amplia atribuida a un grupo criminal.
Reacción gubernamental: Calificación de dicho mensaje como falso o irrelevante.
Negar lo que es falso es correcto.
Negar sin explicar es políticamente riesgoso.

Si el comunicado es apócrifo, el gobierno puede acreditarlo con elementos técnicos: peritaje digital, análisis de origen, investigación formal. Si es auténtico, el deber institucional es activar protocolos de protección preventiva.
Lo que genera inquietud no es la prudencia. Es la ausencia de sustento visible.
Seguridad no es optimismo
El CJNG ha demostrado en el pasado capacidad operativa para ejecutar acciones coordinadas de alto impacto. En ese contexto, minimizar sin ofrecer información técnica puede interpretarse como un exceso de confianza o como una estrategia de control narrativo.
La ciudadanía no espera alarmismo. Pero tampoco espera que se le diga que “no pasa nada” cuando el entorno exige claridad.
Gobernar implica administrar riesgos, no diluirlos en declaraciones.
La dimensión política
Cuando una amenaza —real o falsa— menciona estructuras vinculadas a un partido en el poder, el asunto deja de ser únicamente criminal y entra en la órbita electoral.
Si el mensaje es falso, el gobierno debe demostrarlo con contundencia.
Si es verdadero, debe actuar con contundencia.
El punto crítico es que ambas rutas requieren evidencia, no solo discurso.

Lo que está en juego
En seguridad nacional, la narrativa importa tanto como la operación. La diferencia entre estabilidad y erosión institucional puede estar en la forma en que se comunica una crisis.
Porque cuando el Estado afirma que todo está bajo control, la sociedad espera ver los mecanismos de ese control.
Negar no es contener.
Minimizar no es resolver.
Y descalificar sin sustento puede convertirse en un costo político innecesario.
La estabilidad no se defiende con optimismo, sino con información verificable y acciones visibles.
México atraviesa un momento delicado. Y en momentos delicados, la comunicación gubernamental no puede ser reactiva ni defensiva: debe ser técnica, transparente y proporcional al riesgo.
Eso no es alarmismo.
Es responsabilidad.


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