Por Abel Trejo Valtierra.
En 2026, México volverá a abrir sus puertas al mundo como una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA. Millones de personas cruzarán fronteras para asistir al torneo más grande del planeta. Sin embargo, el partido más importante no se jugará únicamente en los estadios.
También se jugará en hospitales, aeropuertos, centros de inteligencia, laboratorios y sistemas de vigilancia epidemiológica.
Cuando un país organiza un evento global de esta magnitud, el fútbol deja de ser únicamente deporte. Se convierte en una prueba real de la capacidad del Estado para proteger la salud pública y garantizar la seguridad nacional.
Los especialistas llaman a estos eventos “mass gatherings”: concentraciones humanas extraordinarias capaces de alterar temporalmente el equilibrio sanitario y de seguridad de un país. Y el Mundial es el mayor ejemplo de todos.
El impacto sanitario de los eventos masivos
La evidencia médica es clara: cuando millones de personas viajan y se concentran en un mismo lugar durante pocas semanas, los riesgos sanitarios aumentan.
El Mundial de Qatar 2022 atrajo a más de 1.4 millones de visitantes internacionales y registró cerca de 3.4 millones de asistencias a los estadios durante el torneo. Durante apenas un mes, un país pequeño recibió una población flotante equivalente a una gran ciudad.
Ese flujo no solo presiona hoteles, transporte o infraestructura urbana. También exige respuestas rápidas de hospitales, ambulancias, servicios de emergencia y sistemas epidemiológicos.
En este contexto, los riesgos sanitarios suelen concentrarse en tres grandes categorías.

Primero, las enfermedades infecciosas. La movilidad internacional facilita la transmisión de infecciones respiratorias, virus importados por viajeros y enfermedades gastrointestinales.
Segundo, las emergencias médicas agudas. En eventos deportivos masivos aumentan traumatismos, deshidratación, intoxicaciones y crisis cardiovasculares asociadas con estrés físico, calor o consumo de alcohol.
Tercero, los riesgos de salud pública asociados con accidentes, enfermedades relacionadas con el calor y amenazas de seguridad, que obligan a respuestas rápidas y coordinación entre múltiples instituciones.
Lo que aprendimos de Brasil, Rusia y Qatar
Los países que han organizado mundiales recientes han tenido que convertir el torneo en una operación sanitaria nacional.
En Brasil 2014, se implementaron sistemas de vigilancia epidemiológica en tiempo real para monitorear síndromes respiratorios, enfermedades gastrointestinales y enfermedades eruptivas como sarampión o rubéola. El sistema permitió detectar brotes tempranos, aunque enfrentó desafíos en la coordinación entre distintas instituciones.
En Rusia 2018, el enfoque estuvo en el monitoreo internacional de enfermedades importadas por viajeros y en la cooperación con organismos sanitarios globales para evitar la propagación posterior del torneo.
En Qatar 2022, el país reforzó su capacidad hospitalaria, amplió el personal sanitario y diseñó protocolos específicos para la atención de urgencias durante partidos. El Mundial fue tratado como un evento de seguridad nacional.
Cada Mundial deja una lección: la organización deportiva puede planearse durante años, pero la salud pública y la seguridad requieren una preparación aún más profunda.
El sistema de salud mexicano frente al reto
México cuenta con más de 4,700 hospitales públicos y privados, alrededor de 140,000 camas hospitalarias y una plantilla aproximada de 300,000 médicos y más de 300,000 enfermeras.
Sin embargo, los recursos están distribuidos de manera desigual. Cerca del 70% de la infraestructura hospitalaria se concentra en las grandes ciudades, mientras que otras regiones enfrentan limitaciones en personal, equipamiento y acceso a servicios especializados.
Experiencias previas muestran la magnitud del desafío. Durante los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, por ejemplo, se registraron más de 8,000 atenciones médicas, principalmente por deshidratación, lesiones y enfermedades respiratorias.

El Mundial implicará una escala mucho mayor.
A esto se suma un problema estructural: la saturación de servicios de urgencias en hospitales públicos, la escasez de personal especializado en medicina de emergencias y la necesidad de fortalecer redes de ambulancias, laboratorios móviles y sistemas de información sanitaria.
El factor que diferencia a México: la seguridad
A diferencia de otros países que han organizado mundiales recientes, México enfrenta además un desafío adicional: el contexto de violencia asociado al crimen organizado.
De acuerdo con datos oficiales, México ha registrado en los últimos años más de 30,000 homicidios anuales, una cifra que coloca al país entre los más afectados por violencia criminal en el mundo.
El Mundial atraerá a millones de turistas internacionales y pondrá bajo los reflectores globales ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sedes confirmadas del torneo.
Esto significa que la preparación no solo debe ser sanitaria, sino también de seguridad integral.
Eventos masivos de esta escala requieren coordinación entre:
fuerzas de seguridad
inteligencia federal
protección civil
servicios de emergencia
autoridades sanitarias
La experiencia internacional muestra que salud pública y seguridad nacional están profundamente conectadas en eventos de alta concentración humana.
Un incidente sanitario, un brote infeccioso o una crisis de seguridad pueden tener consecuencias inmediatas en turismo, economía y estabilidad institucional.
Qué debería hacer México desde ahora
La experiencia internacional sugiere varias prioridades claras.
Primero, fortalecer la capacitación médica especializada en medicina de eventos masivos, manejo de urgencias, control de infecciones y comunicación de riesgos.
Segundo, invertir en infraestructura hospitalaria en las ciudades sede, ampliando áreas de urgencias, creando unidades móviles de atención y fortaleciendo laboratorios para vigilancia epidemiológica en tiempo real.
Tercero, mejorar la coordinación interinstitucional entre autoridades federales, estatales y municipales, así como establecer mecanismos de cooperación sanitaria y de seguridad con Estados Unidos y Canadá.
Cuarto, desarrollar estrategias de comunicación sanitaria dirigidas a visitantes y residentes, que permitan prevenir riesgos y responder rápidamente ante incidentes.

Y finalmente, realizar simulacros integrales de respuesta sanitaria y de seguridad, porque en eventos de esta magnitud la improvisación no es una opción.
El marcador más importante
El Mundial de 2026 será el más grande en la historia del fútbol. Participarán 48 selecciones y millones de personas se moverán entre tres países.
México será uno de los epicentros de esa movilidad global.
Mientras el mundo observa los estadios, habrá otra red que deberá funcionar silenciosamente: hospitales, laboratorios, sistemas epidemiológicos, fuerzas de seguridad y personal de emergencia.
Porque al final, el verdadero marcador del Mundial no se medirá en goles.
Se medirá en algo mucho más importante:
la capacidad de un país para proteger la vida y la salud de quienes cruzan sus fronteras.
Y ese es un partido que México no puede darse el lujo de perder.


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