El novillero mexicano se presentó en Madrid con temple, variedad y personalidad, convirtiéndose en lo más destacado de una tarde marcada por un ganado deslucido. Aunque no cortó orejas, su actuación fue reconocida con dos ovaciones que saben a triunfo moral.
Por: Fernando Flores
Madrid, 2 de octubre de 2025. — La Feria de Otoño de Madrid arrancó con un cartel de jóvenes promesas en la Plaza de Toros de Las Ventas, y entre ellas brilló un nombre con especial fuerza: Emiliano Osornio. El novillero mexicano, en su primera comparecencia en el coso más exigente del mundo, consiguió arrancar los mayores reconocimientos de la tarde gracias a su temple, su concepto clásico y una disposición que conectó con los tendidos, a pesar de las limitaciones del ganado de Antonio López Gibaja.
Un encierro gris y descastado
La primera novillada del ciclo no ofreció grandes emociones desde la materia prima. Los seis novillos de la ganadería de Antonio López Gibaja, de encaste Domecq, resultaron flojos, sin raza y con escasa transmisión. Apenas alguno mostró más presencia y condiciones, pero en general el conjunto dificultó el lucimiento de los espadas.

En ese panorama sombrío, Osornio fue quien supo sacar mayor partido, imponiendo su concepto y su personalidad para dejar detalles que encendieron al público madrileño.
Su primer turno: temple y buen gusto
El debut de Osornio en Las Ventas llegó con un ejemplar incierto, de embestida brusca y sin ritmo. El joven novillero, lejos de amilanarse, se mostró firme en los terrenos y buscó aprovechar las escasas virtudes del animal.
Destacó especialmente con la mano derecha, donde dejó muletazos templados que fueron reconocidos por los tendidos. No hubo continuidad en la faena, pero sí una clara intención de torear despacio, con suavidad, algo que Madrid siempre valora.
La suerte suprema empañó lo conseguido: falló con el primer intento, dejando una estocada perpendicular, y tuvo que recurrir al descabello. El palco marcó aviso, pero el público respondió con una ovación cariñosa al esfuerzo mostrado.
El quinto de la tarde: el momento más brillante
La mayor emoción llegó con el quinto novillo, el de mejor condición del encierro. Desde el inicio, Osornio se entendió con el astado y logró muletazos de gran trazo, ligados con mano baja y profundidad.

Las series al natural levantaron los primeros “olés” rotundos de la tarde, y los derechazos, largos y hondos, confirmaron la proyección del mexicano. Sin embargo, la faena no pudo redondearse por la falta de fondo del animal, que pronto se apagó.
En la suerte suprema, Osornio dejó una estocada entera y algo tendida que bastó para acabar con el toro. El presidente volvió a marcar aviso, pero la plaza premió al novillero con una ovación cálida, reconociendo su entrega y personalidad.
Un nombre a seguir
El balance final arrojó una conclusión clara: aunque no hubo trofeos, Emiliano Osornio se erigió como lo más destacado de la jornada. Sus dos actuaciones transmitieron temple, clasicismo y una personalidad propia, valores que abren la puerta a futuras oportunidades en el exigente ruedo madrileño.
El público de Las Ventas, siempre reservado y exigente, le tributó dos ovaciones que, más allá de la estadística, saben a triunfo moral. En una tarde gris por el ganado, Osornio dejó la luz encendida, apuntando que su nombre debe ser seguido de cerca en el panorama internacional de la tauromaquia.


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