Por: Horacio Morales
Toluca, Méx.— 8 de octubre de 2025
El mensaje de Horacio Duarte Olivares durante su comparecencia ante el Congreso mexiquense no fue una simple defensa del Segundo Informe de Gobierno de Delfina Gómez Álvarez. Fue un acto político de reposicionamiento y advertencia, en el tono firme que lo caracteriza, dirigido sobre todo al interior del propio bloque gobernante.
Cuando Duarte declaró que “en el Estado de México hay un solo equipo, el de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez”, el mensaje tuvo un claro destinatario: José Alberto “Pepe” Couttolenc Buentello, dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México, pero no el único.
El detonante: Velasco y la sombra de 2027
Apenas el sábado, durante el informe de Pepe Couttolenc, el senador Manuel Velasco Coello, líder moral del PVEM, lo destapó públicamente como posible candidato a la gubernatura del Estado de México para 2027.
El gesto no pasó inadvertido en Toluca. No solo por el momento —en plena antesala de la Glosa del segundo informe de Delfina Gómez—, sino por su significado: el socio de la coalición federal comenzaba a hablar en términos de autonomía y sucesión.
Velasco no fue el único en hablar de la posible candidatura de Couttolenc. Arturo Escobar, otro de los líderes morales del Verde, hizo lo propio. Esto reforzó la lectura de que el PVEM está construyendo su propio relato político en el Edoméx, con estructura territorial, discurso y aspiraciones propias. Fue, en términos prácticos, una muestra de fuerza y una insinuación de independencia, lo que encendió alertas en Palacio de Gobierno y en la Secretaría General.

La respuesta de Duarte, durante su comparecencia ante el Congreso, fue clara:
“En el Estado de México hay un solo equipo, el de la gobernadora.”
Una frase corta, pero contundente.
No se trataba solo de reafirmar liderazgo, sino de poner límites a los aliados.
No solo Couttolenc
Aunque el mensaje tuvo nombre y apellido, Pepe Couttolenc no fue el único destinatario.
Duarte aprovechó la coyuntura para extender su advertencia a todas las corrientes y figuras de Morena que ya mueven piezas con miras al 2027.
El llamado al cierre de filas fue, en realidad, un recordatorio de jerarquías: ni Velasco, ni el Verde, ni los alcaldes o diputados con agenda propia están por encima del proyecto de gobierno.
En un partido de orígenes múltiples —expriistas, experredistas, expanistas y liderazgos sociales—, la advertencia no fue menor: quien anteponga su ambición personal al proyecto común rompe el pacto político que sostiene al régimen.
Duarte, el poder detrás del mensaje
El secretario general de Gobierno no solo es vocero de Delfina Gómez, sino el operador político más influyente del Edoméx actual.
Se le atribuye la capacidad de decidir nombramientos, construir alianzas y marcar la línea política del gobierno.
De ahí que su discurso tenga un doble efecto: refuerza el liderazgo de la gobernadora y, al mismo tiempo, consolida su propio papel como garante de la cohesión política.
Algunos lo señalan como el “verdadero poder” en el estado. Y aunque esa lectura le genera resistencias, también lo ubica como el eje que articula gobierno, partido y estructura electoral.
Además, para nadie con presencia o interés en la vida política del estado es desconocido que Duarte ha sido y es aspirante a la gubernatura mexiquense.

Morena: dominante, pero no monolítica
El llamado de Duarte podrá ser escuchado e incluso aplaudido, como ocurrió durante su presentación en el Congreso, pero eso no quiere decir que todo sea miel sobre hojuelas para Morena.
A diferencia del viejo PRI, su composición ideológica no es uniforme y el factor de identidad interno es básicamente la búsqueda del poder.
En Morena hay una mezcla de orígenes bastante variada y hasta rara. Muchos vienen de movimientos sociales y activismo de base, otros fueron parte del PRD. Pero también hay ex priistas y ex panistas.
Además, hoy existe una disputa tras bambalinas entre lopezobradoristas y claudistas.
Esa heterogeneidad explica su éxito electoral, pero también su fragilidad interna.
Por eso Duarte advirtió: “El 2025 no es momento de pensar en las agendas del 2027 ni mucho menos del 2029.”
El examen del 2025
Las elecciones municipales y legislativas de 2027 serán el primer examen de fuerza del gobierno de Delfina Gómez y del aparato que encabeza Duarte.
Si Morena mantiene su hegemonía, consolidará el control político rumbo a la sucesión.
Pero si se fractura o si el Verde capitaliza el descontento, el 2027 podría volverse terreno incierto.
Duarte lo sabe y por eso actuó preventivamente: antes de que el fuego amigo se convierta en incendio.
El riesgo de la fragmentación
En los pasillos de Lerdo 300 circula una preocupación creciente: así como muchos políticos migraron a Morena tras la caída del PRI, podría ocurrir lo contrario si se sienten marginados en el reparto de poder.
Y una opción son partidos como el propio Verde, Movimiento Ciudadano o incluso el PAN y el PRI, porque en la disputa por alcaldías y diputaciones lo que más pesa no es el partido, sino el candidato.
El llamado de Duarte a la unidad es, en el fondo, un intento de contener una posible diáspora interna antes de que se manifieste.
El espejo del PRI
El mensaje de Duarte también evoca la lección histórica que nadie en el Edoméx ha olvidado:
el PRI perdió el poder no por la oposición, sino por sus propios errores y fracturas internas.
Duarte, curtido en la política mexiquense, parece tener presente aquella máxima: los partidos no los derrota la oposición, los deshacen sus propias pugnas.
Su advertencia parece inspirarse en esa memoria: no permitir que la 4T en el Edoméx se disperse antes de consolidarse.
El relato nacional
Finalmente, Duarte conectó su discurso con la cadena de mando nacional: Delfina Gómez, Claudia Sheinbaum y el legado de Andrés Manuel López Obrador.
El subtexto fue evidente: no habrá margen para agendas estatales fuera del proyecto federal.
El Verde puede ser aliado, pero no actor autónomo.
Morena puede ser plural, pero no disperso.
Conclusión
El discurso de Horacio Duarte fue, en apariencia, institucional; en el fondo, una advertencia política con dirección precisa.
El destape anticipado de Pepe Couttolenc por Manuel Velasco movió el tablero y obligó al gobierno mexiquense a responder.
Duarte lo hizo sin nombrarlo, pero con toda la intención de marcar límites y reafirmar autoridad.
Su mensaje fue contundente: en el Estado de México hay un solo proyecto, una sola voz y un solo liderazgo.
Y aunque Couttolenc fue el principal aludido, no fue el único al que le cayó el guante.
En política, las advertencias no se hacen cuando hay ruptura, sino cuando se percibe la posibilidad de que la haya.
Y esta —sin decirlo— fue una de ellas.


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