Primera Fila | Por Horacio Morales
Toluca, Méx. | 7 de noviembre de 2025
Ernesto Nemer Álvarez volvió a escena, y no en cualquier foro: en La Toluqueña, la conferencia semanal del alcalde Ricardo Moreno Bastida, donde el priista y exsecretario general de Gobierno fue presentado como “empresario” y terminó elogiando la transformación de la capital mexiquense.
A simple vista, pudo parecer un gesto protocolario. Pero en política, las apariciones no son casuales. Y la de Nemer, menos.
Viejo lobo de mar como es, Nemer no se presentó en un acto directamente vinculado con la Feria del Alfeñique. Lo hizo -acompañado de su hijo del mismo nombre- en La Toluqueña, un espacio político-mediático hecho a la medida de la visibilidad, sabiendo perfectamente que iba a generar lecturas políticas inmediatas.
“¿Nemer con un pie en Morena?” fue lo menos que se señaló por parte de algunos analistas. Porque si de algo entiende el exsecretario, es de tiempos, de símbolos y de reflectores.
Nemer fue pieza clave de las últimas administraciones priistas desde los tiempos de Emilio Chuayffet. Secretario de Administración, secretario de Desarrollo Social, líder del Congreso local y presidente estatal del PRI. Durante la presidencia de Enrique Peña fue subsecretario de Desarrollo Social y Humano en la Secretaría de Desarrollo Social, y titular de la Procuraduría Federal del Consumidor. Fue secretario general de Gobierno con Alfredo del Mazo.
Y fue justo, cuando ocupaba ese cargo, que armó su propia precampaña para buscar la gubernatura, lo que terminó por generarle tal molestia en Lerdo 300 y en el CDE tricolor que fue relevado del puesto en 2022.
Su devoción —por no decir obsesión— por el poder y los reflectores es conocida; su instinto de supervivencia, también. Por eso reaparece ahora como “empresario toluqueño”, título que le permite volver a la conversación pública.
El exsecretario representa la conexión entre el viejo poder y el nuevo, entre la política de gabinete y la administración morenista. No es un líder que mueva y cuente con estructuras, pero su capacidad de operador político nadie la discute.
Además, su presencia da nota, y deja un mensaje claro: los de antes no se han ido, solo están cambiando de asiento.
Y aun así, su papel como empresario dejó más dudas que certezas. Para un miembro tan destacado de la iniciativa privada como él, hablar únicamente de los resultados económicos de la Feria del Alfeñique —sin referirse a temas igual o más relevantes de la economía toluqueña como la inversión, el empleo, la movilidad o la competitividad de Toluca— conduce más a un fin político . Todo indica que la feria fue el pretexto; el verdadero mensaje se sabrá con el tiempo.
En el fondo, Nemer encarna al político que ha hecho del pragmatismo su religión. No es ideólogo ni militante fervoroso: es un operador profesional. Y, como buen sobreviviente, sabe que en el nuevo ecosistema político mexiquense conviene tender puentes con quien gobierna.
Para Ricardo Moreno, exhibirlo en Primera Fila fue un golpe de efecto: un puente con la iniciativa privada, un guiño a los cuadros priistas que buscan refugio, y una manera de proyectar poder sin decirlo.
La pregunta, sin embargo, queda abierta: para alguien acostumbrado a moverse en los más altos niveles del poder, ¿hacer su reaparición en una conferencia de prensa municipal no es un escenario menor?
¿O de plano ya no le da para más?
Tan es así que otro priista de abolengo, consultado para esta columna, ironizó:
“Por poco reaparece en un evento de alguna delegación de Toluca… salvo que haya algún acuerdo con Horacio Duarte para operar desde ahora la siguiente elección municipal.”
Y si el enlace con Horacio Duarte existe, no sería nuevo ni extraño: basta recordar el éxodo de priistas hacia Morena, entre ellos Alejandra del Moral y Carlos Iriarte.
La historia se repite: los viejos cuadros del PRI encontraron en Morena una nueva casa… y, en algunos casos, un nuevo “proyecto” político o económico, o ambos. Al final de cuentas, la política es poder, y el poder es dinero.
Y, por si algún elemento faltara para que la aparente e inocente presentación de Nemer como empresario pareciera orquestada, están las recientes apariciones —con carácter de reunión de amigos— de Arturo Montiel y varios de sus viejos compañeros de grupo. Coinciden en el tiempo con el regreso de Nemer y, curiosamente, se dan ni tan cerca ni tan lejos del inicio del próximo proceso electoral.
En política, los tiempos lo son todo.
Y los viejos lobos de mar, como Nemer, nunca nadan sin rumbo.
Nos vemos en la siguiente Primera Fila


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