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Presupuesto Edoméx 2026: continuidad disfrazada de transformación

Primera Fila

Por: Horacio Morales

El gobierno del Estado de México presentó su propuesta de Paquete Fiscal 2026 con un mensaje estratégico: más ingresos, cero deuda y un 54% del gasto destinado a programas sociales. Sobre la mesa, el proyecto suena bien.

Pero cuando los números se comparan, año por año, peso por peso, la narrativa se diluye. El presupuesto 2026 no rompe inercias: las confirma.

El gobierno presume que los ingresos estatales crecerán 5.6% en 2026, pero el dato empieza a perder brillo cuando se observa el comportamiento de los últimos siete años:

• 2019: 291 mil mdp

• 2020: 301 mil (+3.5%)

• 2021: 303 mil (+0.6%)

• 2022: 322 mil (+6.3%)

• 2023: 356 mil (+10.8%)

• 2024: 377 mil (+5.9%)

• 2025: 388 mil (+2.8%)

• 2026: 410 mil (+5.6% estimado)

El 5.6% no es récord. No inaugura una nueva etapa. Es un crecimiento intermedio, menor al de 2022 y muy por debajo del salto de 2023, registrado en el sexenio del priista Alfredo del Mazo.

Más aún: cuando se descuenta la inflación proyectada para 2026 (≈3.5%), el crecimiento real se ubica alrededor de 2.1%. Demasiado pequeño para un gobierno que prometió ser distinto y para un estado con rezagos tan profundos.

Por otro lado, el Ejecutivo estatal enfatiza que 54% del presupuesto 2026 será para programas sociales. Lo presentan como avance, como sello propio, como evidencia de la “transformación”.

Pero la comparación dice lo contrario:

• 2024: 58.1% del presupuesto fue gasto social.

• 2025: 53.9% → prácticamente 54%.

• 2026: 54% (estimado).

Es decir:

2026 no aumenta el gasto social. Lo mantiene en el mismo nivel que 2025… y por debajo del 2024.

No hay giro en el enfoque social del gasto público.

Para ser un presupuesto de un gobierno de izquierda, con un diagnóstico claro de rezagos históricos, desigualdad territorial y abandono de infraestructura, lo mínimo que se esperaría sería:

• un salto real en gasto social,

• un aumento fuerte en infraestructura,

• y una reorientación profunda del gasto corriente.

El paquete fiscal 2026 tiene tres características que recuerdan más al priismo tardío que a la 4T original:

1. Prudencia extrema en el gasto

El aumento real es mínimo. Esto no rompe inercias: las administra.

2. “Cero deuda” como dogma

Los gobiernos priistas fueron expertos en presumir finanzas “ordenadas” a costa de frenar inversión estratégica.

3. Gasto social estable, no expansivo

Si la prioridad fuera realmente la redistribución del ingreso, el combate a la desigualdad y la infraestructura social, el porcentaje social no se mantendría igual que el 2024 y por debajo del 2023 (que abarcó los últimos nueve meses de la última administración tricolor).

El Estado de México carga problemas que no se resuelven con incrementos de 2% real:

• carreteras saturadas y sin mantenimiento;

• movilidad metropolitana colapsada;

• rezago en infraestructura escolar y hospitalaria;

• violencia persistente;

• un sistema universitario en crisis;

• municipios pobres sin capacidad fiscal;

• y regiones completas desconectadas del desarrollo.

Un presupuesto verdaderamente transformador —uno que honre la promesa de la 4T— no mantendría el gasto social: lo expandiría.

No concentraría el esfuerzo en gasto corriente: apostaría por infraestructura.

Si partimos del proyecto presupuestal, el 2026 no pinta mejor que el 25, y más aún si consideramos que el aparato burocrático es gigantesco, la dependencia del presupuesto federal es profunda, la capacidad de ejecución de obra es limitada y el impulso a la productividad sigue siendo bajo.

El Paquete Fiscal 2026 mantiene la narrativa de “orden”, “disciplina financiera” y “continuidad”, el mismo manual del priismo que gobernó 90 años con el mismo vocabulario.

La 4T, al aterrizar en el Edoméx, parece haber chocado con la maquinaria estatal… y se adaptó a ella.

Si el Paquete Fiscal 2026 fuera verdaderamente transformador:

• aumentaría el gasto social,

• incrementaría la inversión pública,

• tomaría riesgos,

• y marcaría una ruptura con la lógica priista de administrar, no transformar.

El Congreso del Estado podría corregir el rumbo. Podría darle al presupuesto un nuevo enfoque que verdaderamente rompa con décadas de inercias priistas. Podría reorientar recursos, fortalecer infraestructura, aumentar el gasto social y reordenar prioridades.

Pero lo que ocurre normalmente es lo contrario: reasignaciones mínimas —generalmente para hacer concesiones a la oposición— y, al final, la ratificación casi íntegra de la propuesta original del Ejecutivo. En ocasiones, incluso por unanimidad.

Es decir: la discusión presupuestal termina siendo un trámite.

La pregunta es si el Edoméx necesita continuidad… o si la continuidad es, precisamente, lo que lo tiene estancado. La Gobernadora Delfina Gómez es una política sensible y seguramente tratará de dar un viraje en la política presupuestal para la segunda mitad de su mandato.

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