Cuba en la penumbra
✍🏻 Fernando Flores
Segunda parte
Entre el auxilio externo y el colapso interno
Cuba se apaga, y esta vez el silencio es distinto. No se trata únicamente de la crisis cíclica de las termoeléctricas ni de un evento extraordinario; es la confirmación de que el país ha entrado en una fase de entropía estructural, donde nada —ni siquiera lo que durante décadas fue considerado “intocable”— logra sostenerse.
En redes sociales circulan mensajes alarmistas que hablan de un “apagón total” ligado a movimientos geopolíticos regionales. Pero centrar la atención en profecías digitales desvía el foco de una realidad mucho más incómoda: el colapso ya está ocurriendo, y ni siquiera el apoyo de aliados estratégicos logra contenerlo.
El oxígeno que llega de México
En este escenario de asfixia, el papel de México es clave. Bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha mantenido la línea de apoyo energético iniciada en el sexenio anterior, convirtiendo a México en el principal proveedor externo de crudo para Cuba en 2024 y 2025.
De acuerdo con datos de comercio energético y reportes de seguimiento petrolero, entre enero y septiembre de 2025 México envió en promedio 17.2 mil barriles diarios de petróleo crudo y derivados, en condiciones preferenciales. A precios promedio de exportación de Pemex, esto representa una transferencia valuada en casi 8 mil millones de pesos en menos de un año.
Este respaldo no es aislado. Se suma a:
La condonación del 70% de la deuda cubana con México en 2013.
La contratación de más de 2,700 médicos cubanos, cuyos pagos se canalizan directamente al Estado cubano.
Una relación diplomática sin rupturas desde 1959, única en la región.
Para México, el discurso es claro: soberanía, cooperación y ayuda humanitaria. Para el gobierno cubano, en los hechos, este flujo representa su principal tanque de oxígeno energético. Sin embargo, la pregunta inevitable —y políticamente incómoda— es: ¿por qué, con este nivel de apoyo, el país sigue a oscuras?
Ayuda sin control: el subsidio opaco

A diferencia de los programas multilaterales de asistencia, el apoyo mexicano no está sujeto a mecanismos públicos de evaluación, auditoría ni trazabilidad social. No existen informes verificables que detallen:
Qué porcentaje del crudo se destina realmente a generación eléctrica civil.
Qué volumen se redirige a usos militares, turísticos o de reexportación.
Cuál es el impacto directo en la población.
En la práctica, el auxilio funciona menos como cooperación transformadora y más como un subsidio político opaco, que alivia momentáneamente la presión sin exigir reformas estructurales. La ayuda llega, pero no corrige la causa del colapso.
El costo también lo paga México
Este punto suele omitirse en el debate. Mientras Cuba recibe petróleo en condiciones preferenciales, Pemex enfrenta pérdidas operativas históricas, una deuda superior a los 100 mil millones de dólares y una caída sostenida en inversión para mantenimiento e infraestructura.
La paradoja es evidente: un país con serias limitaciones energéticas internas sostiene a otro cuyo sistema no logra estabilizarse ni siquiera con suministro externo constante. La solidaridad, cuando no produce resultados, también se convierte en un problema fiscal y político para quien la otorga.
El petróleo como anestesia, no como solución
El crudo mexicano no está actuando como motor de recuperación, sino como anestesia temporal. Permite al régimen cubano postergar decisiones impostergables:
Liberalización real de la economía.
Autonomía productiva.
Reducción del aparato burocrático-militar que consume recursos sin generar valor.
Según datos oficiales cubanos, el Sistema Eléctrico Nacional continúa reportando déficits cercanos a los 2,000 MW, pese a contar con suministro externo y a la inversión histórica en infraestructura como la refinería de Cienfuegos. El petróleo llega, pero la luz no se enciende.

El fin del privilegio turístico: Varadero a oscuras
Durante décadas, el contrato implícito fue claro: el cubano soportaba apagones mientras el turismo brillaba. Ese pacto se rompió.
Hoy, incluso en hoteles administrados por GAESA, el conglomerado militar que controla turismo, puertos, comercio exterior y divisas, se reportan:
Cortes prolongados de energía.
Falta de agua.
Escasez alimentaria.
Condiciones de higiene y servicio incompatibles con estándares internacionales.
Si ni siquiera el brazo económico de las Fuerzas Armadas —con acceso prioritario a divisas y recursos, incluido el petróleo mexicano— logra garantizar servicios básicos en sus hoteles de cinco estrellas, la conclusión es contundente: el problema no es la falta de recursos, sino la incapacidad de gestión.
GAESA y la captura del auxilio
En un sistema donde una élite administrativa-militar controla los sectores estratégicos, toda ayuda externa termina absorbida por una lógica de supervivencia del poder, no de bienestar ciudadano. El petróleo, como antes las remesas y el turismo, se convierte en otro insumo capturado por una estructura que no rinde cuentas.
Una crisis que ya es regional
La ineficiencia cubana dejó de ser un asunto interno. Se traduce en:
Nuevas olas migratorias.
Presión sobre países vecinos.
Desgaste diplomático para quienes sostienen indefinidamente un modelo que no se reforma.
La ayuda que no transforma no estabiliza: exporta crisis.
El debate necesario
La oscuridad en Cuba ya no es un sacrificio temporal; es el estado permanente de un sistema que se devora a sí mismo, destruyendo incluso sus principales fuentes de ingreso.
Cuando ni el petróleo preferencial ni los dólares del turismo logran encender una bombilla en Varadero, el contrato social se rompe.
La pregunta no es si la ayuda externa es suficiente.
La pregunta es si seguir auxiliando sin exigir cambios no termina por prolongar el colapso.
Porque cuando la ayuda deja de ser puente y se convierte en muleta permanente, no rescata a un país: lo condena a no volver a caminar.
Los leemos. 👇


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