Toluca

Leo Fernández, ¿destello de calidad o mediocridad disfrazada de nostalgia?

Analizamos la trayectoria de Leo Fernández en Toluca: ¿destello fugaz de calidad o figura nostálgica sobrevalorada? Revive sus goles en pandemia, el penal fallido en la final y su silenciosa salida. Un balance emotivo de su paso por el club.

Por Angel C.

Muchas veces las victorias ciegan la memoria, nublan el recuerdo de aquellos tiempos donde las cosas no eran tan dulces: una época sin el Turco Mohamed, sin Paulinho, sin Alexis Vega. Entre esos recuerdos distorsionados, cuando la oscuridad visitaba constantemente el Nemesio Diez, salta el nombre de Leo Fernández.

La sorpresa que enamoró en pandemia

Corría el 2020. El técnico era José Manuel “Chepo” de la Torre, que sustituía a Ricardo La Volpe. Los fichajes eran muy distintos en aquellos años: no había nombres rimbombantes como Sebastián Córdova, Tiago Volpi, Paulinho, Héctor Herrera o Bruno Méndez. En su lugar, los anunciados para ese torneo fueron:

  • Javier Güemez
  • Kevin Escamilla
  • Carlos Cisneros
  • Diego Rosales
  • Michael Estrada
  • Y sí, Leo Fernández, a préstamo.

De todos, Fernández era del que menos se esperaba, una incógnita procedente de un fútbol poco seguido como el uruguayo, pese a haber sido comprado por Tigres. Comenzó el torneo —uno más de esos grises que ni siquiera terminó por la pandemia— y en 10 juegos, aunque el fútbol era lo menos importante entonces, dejó un mal sabor de boca en los Diablos. A excepción de él. De Leo Fernández.

“Leito” tuvo un inicio increíble: 8 goles y 3 asistencias en 10 encuentros. Pese a que el equipo solo ganó 2 de esos partidos, momentos como su gol al Cruz Azul en un empate de último minuto alegraron enormemente a los toluqueños, que se enamoraron de inmediato.

Fotografía: Imago7

La regla no escrita: “Nunca te enamores de un jugador a préstamo”

Toluca ya anhelaba a Leo, pero el uruguayo debía retornar a Tigres al torneo siguiente. El tiempo que el club y el jugador estuvieron separados se sintió eterno: entre el encierro y un declive fatídico, cada encuentro se hacía interminable.

Fernández nunca se acomodó en el equipo regio, y Toluca lloraba la carencia de un verdadero referente ofensivo, pese a tener nombres como Rubens. Cada vez que Leo y Toluca se veían como rivales, la afición sufría, y el jugador también. Se notaba que estaba hecho para el Toluca. O al menos, así parecía.

Fotografía: Imago7

El regreso a casa

Después de mucha presión de la afición, llegó diciembre de 2021. Con guitarra en mano, como un enamorado, Leo regresó a “su casa”, a ese lugar donde fue destello, alegría, y se convertiría en esperanza, en un proyecto que apuntaba a mucho más.

Fotografía: Toluca FC

En su primera temporada hizo 7 goles y 3 asistencias; en la segunda, 5 goles y 7 asistencias. En esa segunda campaña, de la mano de Nacho Ambriz, Toluca llegó a la final… para perder de forma escandalosa con Pachuca.

En la final de ida, cuando Leo tenía un penal en sus pies para inyectar esperanza y conseguir un 2–5 que dejara con vida a los mexiquenses… falló.

Fotografía: Imago7

El punto de quiebre

Ese día, algo cambió en Leo. Su espíritu, su alma. Ya no era lo mismo al regresar al campo. Siguió teniendo destellos de grandeza, pero las lesiones y el poco tiempo no lo dejaban brillar. El siguiente torneo solo hizo 3 goles. Se diluyó.

Cuando más debía aparecer, cuanto más talento le ponían al lado, más chico se hacía. Como si aquel Leo de la zurda melodiosa se hubiera desvanecido en aquel manchón penal, esa noche horripilante de octubre en el Nemesio Diez.

El chico alegre, el “enano” músico que llegó como salvador, pasó —ni siquiera— a ser villano. Era solo una sombra que paseaba por la banca, rebasado por el talento y una nueva etapa del club.

Hizo sus maletas y, en contraste con su estruendosa llegada en su segunda etapa, se fue en silencio, cabizbajo, rumbo a Brasil.

Historias separadas

Al final, el tiempo dio a entender que fue lo mejor. Sin Toluca, Leo ganó la Libertadores con Fluminense y más trofeos en Uruguay. Los Diablos esperaron un poco más para tocar la gloria, pero llegó: un bicampeonato sin el enano en el once. Entró dinero a las arcas mexiquenses y solo quedó el recuerdo.

Podría verse como un final triste: un hombre que parecía destinado a ser ídolo no fue más que alguien que llegó de paso. Es injusto ponerlo como ídolo contemporáneo, pero también lo es llamarlo impostor o cascajo que solo vino a cobrar.

Leo no fue, en esencia, alguien para enmarcar en las vitrinas. Pero sí se quedó en nuestro corazón, en aquel 2020–2022, cuando la alegría del fútbol era lo que más necesitábamos en un mundo donde la tristeza se apoderaba de las calles.

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