Por Angel C.
Hoy cumple 32 años una figura que en el fútbol mexicano transitó de la promesa al meme, y del rechazo al cariño colectivo: Antonio “Pollo” Briseño. Su llegada al Toluca en 2025 fue recibida con escepticismo, pero hoy, tras un bicampeonato y una entrega incuestionable, la afición escarlata lo ha adoptado como uno de los suyos.
De campeón mundial a objeto de burlas
Briseño saltó a la fama como parte de la generación dorada del Tri Sub-17 que conquistó el Mundial en 2011. Lo que siguió fue un periplo por Tigres, Europa, Veracruz, Juárez y Chivas, donde su imagen se fue desdibujando entre lesiones, altibajos y una efusividad al celebrar que muchos aficionados usaron en su contra.
En redes sociales se convirtió en meme recurrente, señalado como “tronco” o “malo”, más por prejuicios que por análisis deportivo. La promesa parecía haberse diluido.

Llegada a Toluca: entre el rechazo y la oportunidad
Cuando en 2025 se anunció su fichaje con los Diablos Rojos, pocos vieron lógica en el movimiento. Pero Briseño, con una madurez notable, entendió su rol en un plantel lleno de estrellas: no sería titular indiscutible, pero cada minuto en cancha lo viviría con entrega absoluta.
“No será leyenda, pero sí un jugador apreciado”, resume ahora la percepción que lo rodea.

Bicampeonato y transformación de su narrativa
Con Toluca, Briseño encontró no solo un equipo, sino un proyecto histórico. Ese año, el club logró un bicampeonato y el “Pollo” fue pieza importante desde la contención, la inteligencia táctica y el liderazgo en el vestidor.
Sus barridas precisas, antes motivo de mofa, hoy se aplauden en el Nemesio Diez. Su mentalidad ganadora y su comprensión del juego –“digna de un futuro entrenador”, señalan algunos– lo han convertido en un referente de profesionalismo.



Hoy: “Nuestro Pollo”
La afición ya no lo ve como el fichaje innecesario, sino como “nuestro Pollo”, un hombre que llegó sin hacer ruido, se ganó el respeto con trabajo y hoy canta la porra con el mismo fervor que cualquier hincha.
En su cumpleaños 32, Briseño vive quizá su momento más dulce en el fútbol: rodeado de cariño, con títulos en su vitrina y la satisfacción de haber transformado, con paciencia y calidad, una narrativa que durante años lo había condenado al ridículo.
Redención con escudo escarlata, esa podría ser la frase que defina esta etapa. Porque en Toluca, el Pollo ya es Diablo, y su canto se escucha fuerte en la altura.




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