Opinión

El Tren México–Toluca: La obra que desnuda a la 4T | Columna

✒️ Fernando Flores

El Tren Interurbano México–Toluca exhibe el contraste entre gobiernos: 85 % de avance durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y casi siete años para concluir el 15 % restante bajo Morena, con un sobrecosto que superó los 100 mil millones de pesos y dejó al descubierto la ineficiencia administrativa de la Cuarta Transformación.

-El Tren Interurbano México–Toluca- ya no admite matices ni propaganda oficial. Es, hoy, la evidencia más clara del fracaso operativo de la llamada Cuarta Transformación y del contraste brutal entre un gobierno que avanzó y otro que simplemente estorbó.

Los hechos son incómodos, pero verificables. Entre 2015 y 2018, durante la administración de Enrique Peña Nieto, el proyecto alcanzó aproximadamente 85 % de avance físico. En apenas tres años se ejecutó lo más complejo y costoso de la obra: viaductos elevados, estaciones estratégicas, estructuras mayores, sistemas base y la ingeniería pesada que define cualquier proyecto ferroviario de gran escala. Hubo planeación, capacidad técnica y ritmo de ejecución.


A partir de 2019, con Morena ya instalado en el poder, ocurrió lo inexplicable: el 15 % restante tardó cerca de siete años en concluirse. No se trató de una ampliación, ni de una obra nueva, ni de un rediseño integral. Fue el cierre de un proyecto prácticamente terminado. Siete años para rematar lo que ya estaba hecho. Siete años marcados por retrasos, pausas administrativas, cambios de responsables y decisiones políticas sin sustento técnico.


El golpe definitivo está en el dinero. El Tren México–Toluca fue anunciado originalmente con un costo estimado cercano a 60 mil millones de pesos. Tras la llegada de la 4T, los retrasos, ajustes y reconfiguraciones elevaron el presupuesto hasta rebasar los 100 mil millones de pesos. Más tiempo, más gasto y menos eficiencia. La ecuación perfecta del desorden gubernamental.
Nada justifica que terminar una fracción mínima de la obra haya costado decenas de miles de millones de pesos adicionales. No fue la corrupción heredada, no fueron “nuevos estándares”, no fueron contingencias inevitables. Fue incapacidad administrativa, ausencia de cuadros técnicos especializados y la sustitución de la planeación por la ideología.

Hoy, el oficialismo presume el tren como una obra “de primer mundo”. El discurso raya en el cinismo. El proyecto sobrevivió a la 4T, no gracias a ella. Lo que hoy funciona fue concebido, diseñado y ejecutado en su etapa crítica antes de 2018. Después vino la parálisis, el encarecimiento y el desgaste institucional.
El Tren México–Toluca quedará registrado como un símbolo incómodo de la historia reciente: la obra que demostró que destruir es fácil, pero concluir lo que no se entiende resulta carísimo. Y como siempre, la factura no la paga el gobierno en turno: la paga el contribuyente mexicano.

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