Opinión

PRIMERA FILA: El silencio del gobierno de Sheinbaum generó la desinformación el día que cayó «El Mencho»

Por Horacio Morales

El domingo, tras la jornada de violencia que siguió al abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho» , México fue testigo no solo del caos operativo —con más de 450 puntos de ataques, incendios y acciones de intimidación—, sino también de un caos comunicativo que evidenció una debilidad estructural del gobierno federal en materia de estrategia narrativa en momentos de crisis.

Mientras gasolineras eran incendiadas, carreteras bloqueadas y establecimientos comerciales atacados en distintos estados del país, el gobierno federal guardó silencio durante las horas más críticas. Ese vacío informativo fue ocupado inevitablemente por redes sociales, medios de comunicación y reportes ciudadanos: algunos acertados, otros imprecisos, muchos imposibles de verificar en tiempo real ante la dinámica vertiginosa de los acontecimientos. Pretender que los medios se paralicen esperando confirmaciones oficiales cuando transcurren horas sin información institucional es desconocer la lógica misma del ecosistema informativo contemporáneo. Pero al mismo tiempo, ese vacío permitió que posteriormente se acusara a medios y ciudadanos de desinformar, incluso con insinuaciones —planteadas en la propia conferencia presidencial— sobre posibles responsabilidades legales de quienes difundieron versiones incorrectas.

El patrón comunicativo de la 4T

La omisión comunicativa del gobierno federal repite un patrón: la 4T, primero con Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, ha privilegiado el control político de la narrativa por encima de la información oportuna en situaciones críticas. Ese modelo fue descrito incluso desde dentro del propio movimiento. En el libro «Ni Venganza ni Olvido»Julio Scherer Ibarra reconoce que Jesús Ramírez diseñó una estrategia de comunicación basada esencialmente en la confrontación con adversarios políticos y mediáticos, una lógica eficaz en campaña permanente, pero insuficiente —y en ocasiones contraproducente— cuando desde el gobierno se trata de gestionar crisis de seguridad nacional en tiempo real.

Lo ocurrido el domingo demuestra con claridad los límites de ese modelo.

El logro no se regatea, se analiza

Por supuesto que no se debe regatear el logro del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) constituye, sin duda, el golpe más importante contra el crimen organizado en México en los últimos años. Implica además un viraje significativo respecto a la estrategia de seguridad del sexenio anterior, en el que la política de «abrazos, no balazos» contribuyó —por omisión o por cálculo político— a la expansión territorial y operativa de organizaciones criminales como el propio CJNG.

El resultado del operativo generó un amplio consenso nacional e incluso reconocimiento internacional. Gobiernos extranjeros, particularmente el de Estados Unidos, reaccionaron positivamente ante la neutralización del líder criminal más buscado del hemisferio occidental. En términos políticos, representa probablemente el mayor logro del gobierno de Sheinbaum en materia de combate al crimen organizado hasta el momento.

Precisamente por eso, el análisis comunicativo cobra mayor relevancia, no menor.

Cuando el éxito amortigua los errores narrativos

Porque el éxito operativo terminó amortiguando los cuestionamientos sobre la estrategia de comunicación. Cuando el objetivo superior se cumple, los errores narrativos pierden peso en la percepción pública. Pero eso no significa que deban ignorarse. Habrá otros episodios de alta complejidad en el futuro, y la comunicación seguirá siendo un componente central del ejercicio del poder. No hay que olvidar que la comunicación política fue, en gran medida, la herramienta que permitió el ascenso de López Obrador, la consolidación de Morena y posteriormente la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia. Desestimar su importancia en el ejercicio gubernamental sería un error estratégico.

Lo que debió hacerse y no se hizo

El domingo, además, el gobierno tenía condiciones ideales para comunicar oportunamente. Si desde el inicio hubiera informado que los ataques y bloqueos eran una reacción del CJNG al abatimiento de su líder, habría tenido un marco narrativo sólido para pedir prudencia informativa, desmentir rumores específicos y orientar a la población sin generar pánico. Mensajes como: «En el aeropuerto de Guadalajara hay nerviosismo, pero no existe toma de instalaciones», o «Se registran bloqueos en tales carreteras, recomendamos no circular», habrían mostrado control institucional y liderazgo comunicativo.

Informar oportunamente no significa generar psicosis; significa ejercer conducción.

El simbolismo perdido

Además, una estrategia distinta habría tenido un impacto político significativo para la propia presidenta. El gobierno habría proyectado una imagen de preparación, coordinación y capacidad de mando. Claudia Sheinbaum habría sido colocada en una posición de liderazgo de mayor nivel simbólico, incluso de estadista. Solo hay que recordar cómo, guardadas las proporciones, Donald Trump encabezó desde sus oficinas el seguimiento del operativo internacional contra Nicolás Maduro que posteriormente presumió políticamente. En contraste, Sheinbaum fue vista durante una gira —en Durango— recibiendo una llamada telefónica del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, lo que mediáticamente pudo interpretarse como sorpresa o reacción improvisada, aunque en la práctica ella seguramente conocía y autorizó el operativo desde antes en su calidad de jefa suprema de las Fuerzas Armadas.

Una estrategia comunicativa más sólida habría sido que la presidenta se concentrara en un centro de mando desde donde diera seguimiento al operativo y posteriormente informara al país. El impacto simbólico habría sido completamente distinto.

La descoordinación entre niveles de gobierno

Otro elemento relevante fue la falta de articulación comunicativa entre niveles de gobierno. Una estrategia federal oportuna habría evitado que gobiernos estatales y municipales reaccionaran con base en redes sociales o información mediática fragmentada. La descoordinación fue evidente. En el caso del Estado de México, por ejemplo, la gobernadora Delfina Gómez inicialmente se limitó a replicar una publicación del gobierno federal, y solo horas después emitió mensajes propios de reconocimiento y respaldo a la presidenta. No hubo comunicación estatal preventiva hacia la población, a pesar de que en territorio mexiquense se registraron incidentes —como el siniestro de una camioneta en la autopista Chamapa-La Venta o incendios de pastizales— que rápidamente fueron atribuidos en redes sociales a ataques criminales.

Ese vacío informativo fue el que generó confusión.

Aclaración necesaria

Es importante aclarar que no se está sugiriendo que los gobiernos estatales y municipales debieran haber conocido previamente el diseño del operativo, lo cual habría sido irresponsable y riesgoso por razones obvias de seguridad y sigilo. Lo que sí debió existir era una estrategia nacional de comunicación previamente diseñada para activarse en el «momento cero»: es decir, cuando comenzaron las primeras reacciones violentas tras el abatimiento del líder criminal. A partir de ese instante, una coordinación federal articulada habría permitido que los distintos niveles de gobierno transmitieran mensajes homogéneos, conteniendo rumores y evitando amplificaciones innecesarias del miedo social.

La lección es clara

En situaciones de crisis de seguridad nacional, el liderazgo no se mide únicamente por la eficacia operativa, sino también por la capacidad de conducción informativa. Comunicar no es un accesorio del poder: es parte esencial del ejercicio del Estado. Anticipar, informar oportunamente y coordinar narrativas institucionales no solo reduce la desinformación; fortalece la legitimidad gubernamental.

Aprender de las debilidades

El gobierno de Claudia Sheinbaum logró un golpe histórico contra el crimen organizado. Eso es innegable y merece reconocimiento. Pero precisamente porque el resultado fue exitoso, hoy existe la oportunidad de aprender de las debilidades comunicativas observadas. Porque habrá nuevos desafíos, nuevas crisis y nuevos momentos críticos.

Y en esos momentos, tan importante como la fuerza del Estado será la claridad con la que el Estado hable. La comunicación institucional no puede depender de un solo formato ni de la confrontación permanente como herramienta política.

A cualquiera le pasa… después de tantas mañaneras.

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