Por Horacio Morales
La visita de Horacio Duarte Olivares, secretario general de Gobierno del Estado de México, al Congreso local no fue un acto protocolario. Que el funcionario acuda personalmente a las oficinas del grupo parlamentario de Morena —recibido por el líder de la bancada, Francisco Vázquez Rodríguez— es, por sí mismo, un mensaje político. Y en el contexto actual, no es menor: es la antesala de una operación interna para alinear al partido desde uno de sus principales centros de poder.
El momento lo explica todo
A nivel federal, la alianza Morena-PT-Verde registró divisiones ante el Plan A y el Plan B de la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Ese ruido no es ajeno al Estado de México. Por el contrario, son tensiones que podrían contaminar lo local, justo cuando se acercan decisiones clave: reformas estatales, definición de alianzas y, sobre todo, candidaturas.
Ahí está el fondo. Cuando Duarte habla de unidad y descarta cualquier división, no solo responde a la oposición o a voces como la del senador Higinio Martínez. En realidad, está tratando de calmar las aguas. Su énfasis en que las candidaturas se definirán por encuestas —y que las inconformidades deben resolverse dentro del partido, no en medios— es un mensaje directo hacia adentro: el proceso está definido y el margen de maniobra es limitado.

Contener, alinear, anticipar
Su presencia en el Legislativo apunta a contener, alinear y anticipar posibles fracturas, tanto en la relación con aliados como dentro del propio Morena. Y al mismo tiempo, refuerza un liderazgo: el de la gobernadora Delfina Gómez, a quien reconoce como «jefa política» del estado.
La antesala de lo que viene no está en el discurso de unidad, sino en cómo se procesen las candidaturas. Porque ahí, más que en cualquier otro punto, se juega la cohesión real del movimiento. Y Duarte ya empezó a mover las piezas.

La pregunta que queda
La pregunta ya no es si Morena está unido, sino si lo seguirá estando cuando llegue el momento de repartir las candidaturas.
Y, de paso…
Duarte aprovecha para seguirse placeando y hacerse notar como el segundo político más poderoso del Estado de México. En un partido donde la jerarquía se mide por la capacidad de influir en las decisiones clave, el secretario deja claro que tiene asiento en la mesa grande.



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