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El sistema que nos falla a todos: verdades incómodas sobre la salud pública en México

Permítanme contarles algo que ningún médico debería tener que decirle a un paciente.

“No tenemos.”

Dos palabras que pesan toneladas. Que se atoran en la garganta y duelen tanto al decirlas como al escucharlas. No tenemos el medicamento. No tenemos la cama. No tenemos el equipo. No tenemos.

Y usted, del otro lado, con su dolor y su miedo, nos mira como si nosotros fuéramos el problema.

Entiendo esa mirada. Pero hoy no vengo solo a describirles lo que está roto. Vengo a hablarles también de cómo podemos comenzar a arreglarlo, porque la denuncia sin propuesta es solo ruido, y el propio sistema ya tiene suficiente ruido.

Los números que nadie quiere leer

Antes de hablar de soluciones, hay que mirar los datos a la cara.

Solo en 2024, el IMSS no surtió más de 4.5 millones de recetas a sus derechohabientes, lo que se traduce en más de 11.5 millones de piezas de medicamentos que simplemente no llegaron a manos de los pacientes. Los más afectados, como siempre, son quienes más los necesitan: personas con cáncer, diabetes, hipertensión y padecimientos de salud mental; enfermedades que no esperan y que obligan a millones a costear sus medicamentos de su propio bolsillo.

La dimensión histórica es aún más alarmante. Entre 2019 y 2023, se acumularon más de 82 millones de recetas no surtidas en instituciones públicas de todo el país, según el colectivo Cero Desabasto. Y aunque hay señales de cierta mejoría, el desabasto sigue rondando el 20% medido en piezas, con impacto especialmente crítico en medicamentos para diabetes, hipertensión y cáncer.

Varias pacientes vestidas con batas de hospital en una sala de espera. Algunas tienen suero intravenoso y están sentadas en sillas, mientras que un miembro del personal médico camina por el pasillo.

De acuerdo con datos obtenidos por la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (CANIFARMA), el gobierno federal mantiene una deuda de 14 mil millones de pesos con la industria farmacéutica correspondiente a contratos de 2023, 2024 y 2025, situación que compromete el capital de trabajo de la propia industria.

Y todo esto ocurre mientras que, en 2025, los reportes de recetas no surtidas se han triplicado respecto a 2024, según el colectivo Cero Desabasto.

Estos no son números abstractos. Son personas. Son abuelas sin insulina. Son niños con cáncer esperando quimioterapia. Son pacientes hipertensos que van de farmacia en farmacia.

Lo que usted no ve detrás de la bata blanca

Cada mañana, miles de médicos, enfermeras y trabajadores de la salud en México llegamos a nuestros hospitales con la misma vocación: ayudar. Llegamos sabiendo lo que vamos a encontrar: anaqueles vacíos, equipos descompuestos, quirófanos cancelados, plantillas incompletas.

Y aun así, llegamos.

Lo que usted no ve es al médico que paga de su bolsillo los guantes porque no había en el almacén. No ve a la enfermera que cubre su segundo turno consecutivo porque no hay personal suficiente. No ve al residente que lleva 30 horas despierto tomando decisiones que nunca debería tomar solo.

Y ese desgaste tiene nombre clínico. Según el estudio “Prevalencia del síndrome de agotamiento profesional (burnout) y variables asociadas en médicos especialistas”, realizado con 540 médicos especialistas en tres hospitales regionales de Guadalajara en 2019, entre el 42% y el 50% del personal médico en México presenta síndrome de burnout. En médicos residentes, la prevalencia global del síndrome alcanza el 93%, con el 14.6% en nivel alto, de acuerdo con el estudio “Prevalencia del síndrome de Burnout y factores asociados en residentes médicos en México” (2024). Un médico agotado, sin insumos y sin apoyo institucional no es un mal médico: es el resultado predecible de un sistema que consume a quienes lo sostienen.

Un médico sostiene la mano de un paciente que usa una bata de hospital, en un entorno clínico.

Una crisis estructural, no un accidente

El deterioro del sistema de salud público no empezó ayer. Es el resultado de décadas de subfinanciamiento, modelos de compra fallidos, una pandemia que exhibió sin piedad todo lo que ya estaba fracturado, y una centralización del abasto que, lejos de resolver los problemas, los profundizó. El Estado de México figura entre las entidades con peor desempeño en el indicador de abasto de medicamentos a nivel nacional, junto con Zacatecas, Hidalgo, Oaxaca y la Ciudad de México.

Seis propuestas concretas para empezar a sanar el sistema

1.Educación en salud desde la escuela

Gran parte de la presión sobre los hospitales ocurre porque llegamos tarde: cuando la enfermedad ya es urgencia. Invertir en prevención, detección temprana y educación sanitaria desde la infancia reduce la demanda hospitalaria a mediano plazo y construye una ciudadanía que entiende, exige y cuida su propia salud.

2.Presupuesto etiquetado e intocable para insumos críticos

Se necesita una partida presupuestal específica para medicamentos oncológicos, insulinas, anticoagulantes y material quirúrgico esencial, protegida por ley de recortes discrecionales. La salud no puede seguir dependiendo del ciclo político ni de la voluntad de turno.

3.Modelos de abasto mixto y regional

La centralización total ha demostrado ser vulnerable. Se necesitan esquemas de compra consolidada a nivel regional con mecanismos de emergencia ágiles cuando el suministro nacional falle, y con los controles anticorrupción necesarios para que la flexibilidad no se convierta en nueva opacidad.

4.Reconocimiento y bienestar del personal de salud

Con casi la mitad del personal médico en niveles de burnout clínicamente significativos, se necesitan políticas reales de salud mental para quienes cuidan: límites estrictos a jornadas extenuantes, atención psicológica institucional y esquemas de compensación dignos. Cuidar a quien cuida no es un lujo; es una necesidad clínica.

Interior de un hospital con pacientes y personal médico. Una mujer reposa en una cama, mientras otras personas conversan y esperan atención.

5.Participación ciudadana real en la vigilancia hospitalaria

Los comités de usuarios existen en el papel, pero son casi inoperantes en la práctica. Fortalecerlos con capacitación, recursos y canales reales de denuncia permitiría que la propia comunidad fungiera como contrapeso ante el desabasto y la corrupción. El ciudadano informado es el mejor auditor.

6.Transparencia radical en el abasto de medicamentos

Los ciudadanos tienen derecho a saber qué hay y qué falta en cada hospital. Se requieren plataformas digitales de acceso abierto, actualizadas en tiempo real, con inventarios por unidad médica. La opacidad alimenta la corrupción; la transparencia la desinfecta.

Lo que le pido

La próxima vez que espere horas en una sala de urgencias, dirija su frustración hacia donde corresponde: hacia las políticas, los presupuestos y los funcionarios que deben rendir cuentas.

Y cuando un médico le diga “no tenemos”, vea en sus ojos no indiferencia, sino la misma impotencia que usted siente, multiplicada por cada paciente atendido ese día.

El sistema de salud no se va a reparar solo. Lo van a reparar los ciudadanos que exijan, los políticos que prioricen y los médicos que, además de curar, alzamos la voz.

Seguimos aquí. Con lo que hay, con lo que falta, con todo.

— Dr. Abel Trejo Valtierra

Médico en ejercicio | Estado de México

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