Por: Raúl García Rodríguez
- En el limbo la «calidad educativa»
- Delgado-Batres, peligro para México
- Ignorancia institucionalizada
Miércoles 13 de mayo de 2026.- Los últimos días la denominada «nueva escuela mexicana» y las autoridades educativas develaron parte de la realidad de este sector en México.
Preocupantes, por decir lo menos, las decisiones en esta materia y, mas aún, que sea una ministra del acordeón la que avale la ignorancia institucionalizada de millones de estudiantes.
La responsabilidad de la Secretaría de Educación Pública es garantizar el derecho de todas y todos los mexicanos a la educación, con equidad, calidad y pertinencia.
Conforme al artículo 3° Constitucional y la Ley General de Educación, es obligación del Estado mexicano asegurar el acceso, permanencia y aprendizaje, ejercer la rectoría del sistema educativo nacional, la equidad y la inclusión.

Por desgracia, la intentona de concluir el ciclo escolar de manera anticipada, del 15 de julio al 5 de junio, obedece a criterios contrarios al espíritu constitucional, que impacta de manera directa en la formación de por sí deficiente de los alumnos.
En el mismo camino se ubica el proyecto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), elaborado por la ministra Lenia Batres Guadarrama y avalado el 7 de mayo del presebte año, a través del cual la SEP prohíbe reprobar automáticamente a alumnos de preescolar, primaria y secundaria.
Esto implica que en el país la nueva escuela mexicana prioriza la permanencia escolar sobre las calificaciones numéricas o inasistencias. El argumento que prevaleció es que «reprobar estigmatiza, genera deserción y no resuelve el rezago. La escuela debe dar acompañamiento y regularización, no castigar con la repetición».
Pero si el objetivo es que los estudiantes aprendan y no sólo que estén en el salón, pasar a todos aunque no dominen lectura o matemáticas básicas manda un mensaje preocupante.

Si se adelanta el ciclo, no se puede reprobar y no hay tiempo para regularizar, tenemos una ecuación donde el rezago se acumula y se legitima. Los niños llegan a secundaria sin saber leer y nadie puede detenerlos.
Es un hecho que la visión del segundo piso de la transformación es contar con ciudadanos producto de la ignorancia institucionalizada. Con funcionarios como Mario Delgado y ministras como Lenia Batres, la educación es mercancia barata y no una real inversión para las futuras generaciones.


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