Por Abel Trejo
Hay enfermedades que se frenan en el hospital y hay enfermedades que se frenan en casa, en la decisión de cada familia. El sarampión es de las segundas. Entender eso cambia completamente la conversación.
No hace falta ser médico ni experto en salud pública para contribuir a detener este brote. Hace falta información clara, acceso a la vacuna, que existe y es gratuita, y la decisión de actuar. Lo que quiero hacer en esta columna es exactamente eso: darle a usted, lector, una guía práctica para saber qué le corresponde hacer según su situación y por qué hacerlo importa más de lo que parece.
El sarampión se transmite por el aire. No necesita contacto directo: una persona enferma puede dejar el virus suspendido en una habitación cerrada hasta dos horas después de haberse ido. Eso lo convierte en uno de los virus más contagiosos que existen. La única barrera que funciona de manera consistente es la vacunación. Cuando suficientes personas en una comunidad están protegidas, el virus no encuentra cómo moverse y se extingue solo. Por eso la estrategia no es esperar a ver si le toca, sino cerrarle el camino antes de que llegue.

La primera acción concreta es revisar la cartilla de vacunación de sus hijos esta noche. El esquema actualizado para 2026 funciona así: los bebés de entre seis y once meses pueden recibir hoy una dosis de protección adicional llamada “dosis cero”, diseñada específicamente para el contexto actual del brote. Esta dosis no reemplaza las que vienen después: es un escudo extra mientras el niño llega a la edad de su vacuna regular.
Al cumplir el año de vida, corresponde la primera dosis de la vacuna triple viral, conocida como SRP, que protege contra sarampión, rubéola y paperas al mismo tiempo. La segunda dosis se aplica a los dieciocho meses para los niños nacidos a partir de julio de 2020, o a los seis años para quienes nacieron antes de esa fecha, aunque hoy puede adelantarse desde los dos años si hay un brote activo en su municipio. Si su hijo tiene entre uno y nueve años y le falta alguna dosis, no es necesario empezar de cero: solo se completa lo que falta, sin importar cuánto tiempo haya pasado.
La segunda acción corresponde a los adultos. Si usted tiene entre diez y cuarenta y nueve años y no recuerda haberse vacunado de niño, o no tiene cómo comprobarlo, puede aplicarse la vacuna doble viral SR en cualquier unidad de salud pública. Si no hay registro de ninguna dosis previa, se recomiendan dos aplicaciones separadas por al menos cuatro semanas. Si ya tiene sus dos dosis completas y puede demostrarlo, está protegido y no necesita hacer nada más.
La tercera acción es quizá la más estratégica de todas, porque multiplica el efecto de las dos anteriores: compartir esta información con alguien más. Con la vecina que tiene un bebé. Con el familiar que vive en una comunidad de difícil acceso. Con el compañero de trabajo que no sabe si se vacunó de niño. La velocidad con la que se detiene un brote no depende solo de cuántas personas se vacunan, sino de qué tan rápido llega la información correcta a quienes todavía no han actuado. Usted, al leer esto, ya tiene esa información. Compartirla no cuesta nada y puede significar mucho.

Para vacunarse no se necesita cita, credencial del IMSS, expediente ni ningún otro requisito. La vacuna es gratuita en centros de salud de la Secretaría de Salud, clínicas del IMSS e IMSS-Bienestar, unidades del ISSSTE y en los módulos itinerantes instalados en plazas, parques y estaciones de transporte de muchos municipios. Si no sabe dónde está el punto más cercano, marque al 079 y le orientarán.
Hay personas que tienen dudas sobre las vacunas, y esas dudas merecen una respuesta honesta, no presión. Lo que la evidencia médica acumulada durante décadas muestra con consistencia es que la vacuna SRP es segura, que la protección que confiere dura toda la vida cuando el esquema está completo, y que las complicaciones del sarampión —neumonía, daño neurológico, muerte en los casos más graves— son significativamente más graves que cualquier efecto secundario conocido de la vacuna.
Si tiene preguntas específicas, el personal de cualquier centro de salud puede responderlas. Ir con una duda es válido. Irse sin vacunarse por falta de información es lo que queremos evitar.
El sarampión no se frena solo. Se frena cuando una familia revisa su cartilla, cuando un adulto completa su esquema, cuando alguien decide compartir información útil a tiempo. Así se construye la protección colectiva. La vacuna ya está disponible, el acceso ya existe y el momento es ahora.
México lo ha hecho antes. Puede hacerlo de nuevo.


Me encanta la manera tan clara y precisa de el Doctor!👏🏼👏🏼👏🏼