Por: Horacio Morales
El nombramiento de Antonio Jaymes Núñez al frente del ISSEMYM vuelve a colocar bajo los reflectores una de las crisis institucionales más largas, delicadas y políticamente incómodas del Estado de México. Pero también obliga a decir algo que pocas veces se menciona con claridad: el deterioro del instituto no solamente ha sido responsabilidad de los gobiernos estatales. También exhibe décadas de omisión legislativa y una clase política que ha preferido administrar el problema antes que enfrentarlo realmente.
Orígenes: el inicio del deterioro
Buena parte de la crisis del instituto comenzó a incubarse desde los tiempos de Arturo Montiel, cuando crecieron enormemente el aparato administrativo, las obligaciones pensionarias y también las versiones sobre malos manejos financieros y estructuras de poder construidas alrededor del instituto. Después vinieron otros gobiernos. Y prácticamente todos hicieron lo mismo: patear el bote.
Porque entrarle de fondo al ISSEMYM implicaba tocar demasiados intereses al mismo tiempo: sindicato, proveedores, farmacéuticas, contratos, pensiones, plazas y estructuras burocráticas que durante años terminaron acomodándose alrededor del instituto. Era más cómodo administrar el desgaste que abrir el avispero.
Lo que el ISSEMYM solía ser… y lo que es hoy
Poco a poco, el ISSEMYM dejó de ser aquel sistema de seguridad social que durante décadas representó estabilidad para miles de trabajadores mexiquenses y un orgullo de la seguridad social a nivel nacional. Para generaciones completas de maestros, policías, burócratas y trabajadores del Estado, el instituto simbolizaba la certeza de tener atención médica, medicamentos, una jubilación digna y respaldo después de años de servicio.
Hoy, para muchos, representa exactamente lo contrario:
- Hospitales saturados.
- Especialistas insuficientes.
- Cirugías aplazadas durante meses.
- Derechohabientes peregrinando entre clínicas y farmacias buscando medicamentos que no encuentran.
- Jubilados gastando por fuera lo que el instituto ya no cubre.
- Pensionados atrapados en trámites interminables o viviendo con incertidumbre sobre su atención médica.
La responsabilidad del Congreso y los partidos
El problema no solamente exhibe a los gobiernos. También al Congreso mexiquense y a los partidos políticos. Sí hubo exhortos, discursos y posicionamientos para revisar la situación financiera del instituto. Incluso hubo reformas legales importantes, como la impulsada en 2018 durante el gobierno de Alfredo del Mazo, bajo el argumento oficial de que el sistema pensionario del ISSEMYM ya era financieramente insostenible.
Desde entonces, la propia clase política mexiquense reconocía algo delicadísimo: que las reservas actuariales del instituto se agotaban peligrosamente. La relación entre trabajadores activos y pensionados ya no alcanzaba para sostener el sistema.
Vinieron entonces aumentos de cuotas, modificaciones pensionarias y nuevos esquemas de retiro. Pero las reformas también provocaron molestia, protestas y desconfianza entre los trabajadores, muchos de los cuales acusaban que se pretendía trasladar a los propios derechohabientes el costo de una crisis construida durante décadas.
El gran fracaso político
Quizá ahí estuvo uno de los grandes fracasos políticos alrededor del ISSEMYM: sí hubo reformas financieras… pero nunca se logró recuperar la confianza. Nunca se vio realmente a los partidos de oposición encabezando movilizaciones permanentes, construyendo una presión política sostenida o llevando el tema hasta sus últimas consecuencias. Nunca ocurrió.
El ISSEMYM terminó convirtiéndose en uno de esos temas muy mexiquenses donde todos reconocen el deterioro, todos prometen rescatarlo, todos se deslindan… pero nadie quiere revisar completamente el expediente. Quizá porque hacerlo implicaría abrir demasiadas responsabilidades acumuladas durante décadas completas del poder mexiquense.
La auditoría que nunca llegó
Y ahí aparece otro dato especialmente delicado: pese al tamaño de la crisis, nunca ha existido una auditoría pública integral, profunda y verdaderamente incómoda sobre el manejo histórico del ISSEMYM. Una que permita entender qué ocurrió con las finanzas del instituto, cómo crecieron los pasivos, quién tomó decisiones, qué contratos se firmaron y por qué una institución fundamental para millones de mexiquenses terminó convertida en uno de los principales focos de desgaste institucional del Estado de México.
Porque además, pese a años de denuncias, investigaciones y señalamientos públicos sobre presuntos malos manejos, saqueo financiero y uso político del ISSEMYM, hasta ahora no se conocen responsables políticos de alto nivel claramente castigados en proporción al tamaño de la crisis.
Las cifras que asustan
Diversas estimaciones y análisis sobre el deterioro financiero del instituto hablan de pasivos y quebrantos que van desde los 15 mil millones de pesos hasta proyecciones actuariales muchísimo mayores para las próximas décadas. A eso se suman adeudos millonarios de organismos públicos y cuerpos de seguridad con el propio ISSEMYM, además de la presión creciente del sistema pensionario.
Porque el ISSEMYM ya no representa solamente una crisis médica o financiera. También representa una crisis de confianza.
La papa caliente de la 4T
Ahora la papa caliente está en manos del gobierno de Delfina Gómez, que llegó con la narrativa de combatir la corrupción, desmontar privilegios y limpiar instituciones. Por eso el ISSEMYM se convierte en una prueba incómoda para la propia 4T mexiquense: si realmente quieren marcar diferencia, tarde o temprano tendrán que entrarle al fondo del problema y no solamente administrar el deterioro.
Además, hay otro tema que casi nadie quiere discutir públicamente: el futuro financiero. El crecimiento de pensionados y jubilaciones amenaza con convertirse en una presión presupuestal enorme para el Estado de México en los próximos años. Es decir, el ISSEMYM no solamente arrastra una deuda con el pasado; también puede convertirse en una de las bombas financieras más delicadas del futuro mexiquense.
La pregunta incómoda
Por eso el relevo en la dirección general no debería leerse solamente como un cambio de nombres. La verdadera pregunta es si este gobierno finalmente se atreverá a abrir el expediente completo… o si terminará haciendo exactamente lo mismo que todos los anteriores.


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