Opinión

Primera Fila: Alfredo Del Mazo encontró el escenario perfecto para reaparecer, pero no dijo nada

Alfredo Del Mazo reapareció en el Azteca, pero no habló de política. ¿Por qué el exgobernador más silencioso se ha mantenido al margen de la vida pública mexiquense?

Por Horacio Morales

La inauguración de la Copa del Mundo y el debut de la Selección Mexicana se convirtieron en el escenario perfecto para que Alfredo Del Mazo Maza reapareciera en la conversación pública.

Entrevistado en las inmediaciones del Estadio Azteca, tuvo la oportunidad de pronunciarse sobre el Estado de México, sobre el PRI, sobre la 4T o sobre el momento político que vive el país. No lo hizo. Prefirió mantenerse exactamente en el mismo lugar en el que ha permanecido desde que concluyó su mandato: lejos de fijar postura política o de cualquier explicación.

El exgobernador que entregó el Edoméx a Morena

Del Mazo no es un exgobernador cualquiera. Es el hombre que entregó a la oposición el principal bastión electoral que tuvo el PRI durante casi un siglo. Ningún otro hecho definirá más su lugar en la historia política mexiquense que la derrota de 2023.

Sin embargo, el verdadero tema no es ese. Sobre el final de la hegemonía priista se ha escrito prácticamente todo. La pregunta que sigue abierta es otra.

¿Por qué Del Mazo es el exgobernador más silencioso de las últimas décadas?

La interrogante resulta relevante porque rompe con una tradición política muy arraigada en el Estado de México. Los exgobernadores mexiquenses rara vez desaparecían.

  • Ignacio Pichardo dejó la gubernatura para convertirse en secretario de Estado, embajador y dirigente nacional del PRI.
  • Emilio Chuayffet continuó ocupando posiciones centrales de poder, incluida la Secretaría de Gobernación y la presidencia de la Cámara de Diputados.
  • César Camacho Quiroz fue senador, diputado, dirigente nacional priista y coordinador parlamentario.
  • Alfredo del Mazo González (su padre) siguió construyendo una carrera política nacional que lo llevó al gabinete presidencial y a competir por la Jefatura de Gobierno de la CDMX.
  • Arturo Montiel, pese a sus señalamientos de corrupción, siguió siendo una referencia obligada dentro de la política mexiquense.

Todos siguieron siendo actores políticos después de dejar el gobierno. Del Mazo no.

El contexto que lo distingue

Del Mazo podría argumentar que existe un elemento que distingue su caso de todos sus antecesores: fue el primer exgobernador mexiquense que abandonó el Palacio de Gobierno cuando el Estado de México ya no estaba en manos del PRI, sino de Morena. También dejó el cargo en un país donde el viejo sistema político que permitió la supervivencia de muchos exgobernadores priistas simplemente dejó de existir.

Pero aun así, esa circunstancia no explica por completo su desaparición pública. Una cosa es perder los espacios institucionales de influencia y otra muy distinta renunciar incluso a la presencia política más elemental.

El peso del apellido

Durante años existió una percepción muy extendida entre quienes observan la política mexiquense. Su padre, Alfredo del Mazo González, era visto como un político de talla nacional, un hombre con vocación de poder, capacidad de operación y una estatura política que incluso lo colocó en las conversaciones sobre la sucesión presidencial de su época. El abuelo, Alfredo del Mazo Vélez, pertenecía a esa generación de políticos formados para ejercer influencia más allá de un cargo específico.

Con Alfredo Del Mazo Maza ocurrió algo distinto.

Durante años, dentro y fuera del priismo, circuló una percepción recurrente: que heredó el apellido, pero no necesariamente el perfil político de quienes lo antecedieron. Incluso hubo quienes sostenían que, a diferencia de lo que ocurrió entre el abuelo y el padre, nunca existió una verdadera formación política destinada a preparar a la siguiente generación para ejercer liderazgo e influencia propia.

Quizá la afirmación sea injusta. Quizá no. Pero ayuda a explicar por qué padre e hijo dejaron huellas tan distintas después de abandonar el poder.

El padre siguió siendo una referencia política. El hijo prácticamente desapareció.

La hipótesis del silencio

Tal vez el silencio de Del Mazo no sea únicamente consecuencia de un acuerdo político. Tal vez sea también el resultado natural de una carrera construida alrededor del cargo y no del poder. O una combinación de ambas.

Porque una cosa es ocupar posiciones importantes y otra muy distinta construir un liderazgo capaz de sobrevivir cuando esas posiciones desaparecen.

Si un político construye redes, cuadros, alianzas, grupos propios e influencia real, suele conservar peso político incluso después de abandonar el gobierno. Cuando eso no ocurre, la salida del cargo suele significar también la salida de la conversación pública.

El contraste con Eruviel Ávila

Ahí está el caso de Eruviel Ávila. Rompió con el PRI, migró al Partido Verde y buscó mantenerse vigente dentro de una nueva correlación de fuerzas. Su caso demuestra que abandonar el gobierno no necesariamente implica desaparecer de la política.

La versión del pacto

Por supuesto, existe otra explicación que sigue circulando con fuerza. La versión más recurrente sostiene que existió algún tipo de entendimiento político que facilitó la transición del Estado de México a Morena y garantizó un retiro tranquilo para el último gobernador priista de la entidad.

No existen pruebas públicas que permitan sostener categóricamente esa tesis. Pero tampoco puede ignorarse que esa es, desde hace años, la interpretación predominante entre amplios sectores de la opinión pública y del propio priismo.

Esa percepción se fortaleció por una razón sencilla: a diferencia de otros exgobernadores que enfrentaron derrotas electorales o cambios de ciclo político, Del Mazo nunca encabezó una oposición interna, nunca cuestionó públicamente al nuevo gobierno y tampoco intentó reconstruir políticamente al PRI mexiquense.

Con Del Mazo Jr. llegó a su final la dinastía política más influyente de la historia mexiquense.

Y su silencio, más que un misterio, es quizá la confirmación de que su carrera se construyó alrededor del cargo, no del poder.

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