Por Horacio Morales
Hay eventos de gobierno que terminan cuando concluyen los discursos. Y hay otros que comienzan cuando los discursos terminan. Lo ocurrido este domingo en Texcoco pertenece a la segunda categoría.
El gesto político
Oficialmente, la gobernadora Delfina Gómez encabezó la inauguración de una represa de captación de agua. Políticamente, el momento más significativo llegó cuando invitó al senador Higinio Martínez a tomar la palabra, después de meses de distanciamiento entre ambos.
Ese gesto ya era un mensaje. Pero Higinio aprovechó para enviar otro. No habló de candidaturas abiertamente. No hacía falta. En política, los mensajes más importantes suelen decirse entre líneas.
«Cuando ella gobernó Texcoco yo fui quien la sucedió. Esa continuidad dio resultados. Puede seguir dándolos si se mantiene un equipo.»
Más que una referencia al pasado, la frase parece una definición sobre el futuro.
El fundador del Grupo Texcoco
Quien hablaba no era un militante más de Morena. Era el fundador del Grupo Texcoco, el político que articuló la estructura que convirtió a ese municipio en el principal bastión del obradorismo mexiquense y que terminó llevando, por primera vez, a Morena a la gubernatura.
Por eso el mensaje parece ir más allá de una postura personal. Al recordar cómo se construyó aquella sucesión, Higinio reivindicó un método y, al mismo tiempo, la autoridad política que considera haber ganado para participar en las grandes decisiones electorales que marcarán el futuro del grupo.
En otras palabras, recordó que el Grupo Texcoco tiene una historia, un origen y un fundador; y que, desde su perspectiva, las grandes decisiones del grupo no pueden construirse ignorando esa historia.
El mensaje de Delfina
Pero el mensaje no fue únicamente de Higinio. También fue de Delfina. Después de la etapa de diferencias políticas, la gobernadora no estaba obligada a darle ese espacio. Pudo mantener el acto en un plano estrictamente institucional. No lo hizo. Al invitarlo a hablar reconoció públicamente el papel protagónico de Higinio.
Eso no demuestra que ya exista entre ambos un acuerdo sobre 2027 o sobre el 2029, ni que todas las diferencias hayan desaparecido. Lo que sí deja ver es un reconocimiento mutuo: Higinio reconoce el liderazgo institucional de Delfina y Delfina reconoce la autoridad histórica del fundador del Grupo Texcoco.
El contexto del caso Tenancingo
El momento tampoco puede separarse del contexto. La reaparición conjunta ocurre cuando Morena ha enfrentado semanas complejas por la controversia que rodea el caso de la alcaldesa de Tenancingo, Nancy Nápoles, identificada políticamente con la corriente de Higinio, Mexiquenses de Corazón. Se ha interpretado que ese caso incrementó la presión sobre el senador. Sea o no correcta esa lectura, el contexto ayuda a entender por qué el mensaje de cohesión adquiere una dimensión política mayor.
El objetivo del Grupo Texcoco
La señal de Texcoco parece ir más allá de ese episodio. También estuvo dirigida hacia la oposición y hacia los distintos grupos políticos y de poder del Estado de México.
La lectura que deja el episodio es que el Grupo Texcoco no sólo busca ganar la mayoría de las diputaciones locales, federales y las alcaldías en 2027. Busca preservar el control político del Estado de México más allá de un solo sexenio. Y ese objetivo parece estar por encima de cualquier diferencia interna que pudiera poner en riesgo el proyecto.
El tablero de la sucesión
En ese tablero aparecen inevitablemente Horacio Duarte y Claudia Sheinbaum. Horacio concentra buena parte de la operación política del gobierno estatal, forma parte de la historia del Grupo Texcoco y es, junto con el propio Higinio, uno de los nombres que inevitablemente aparecen cuando se habla de la sucesión. La presidenta, por su parte, tendrá un peso determinante en la definición de la candidatura de Morena en un estado estratégico para el proyecto nacional rumbo a 2030.
Eso significa que la sucesión difícilmente dependerá sólo del gobierno estatal o únicamente del Grupo Texcoco. La decisión final pasará por Toluca, por Palacio Nacional y, muy probablemente, también por Palenque. Porque, aunque Andrés Manuel López Obrador ya no ocupe la Presidencia, sería ingenuo pensar que haya dejado de influir en las decisiones estratégicas del movimiento que él mismo fundó.
La aspiración del Grupo Texcoco
Durante décadas, el Grupo Atlacomulco trascendió a sus gobernadores porque convirtió las sucesiones en un mecanismo de continuidad política. Morena tiene una lógica distinta y sería prematuro afirmar que el Grupo Texcoco recorrerá exactamente el mismo camino. Pero el mensaje de este domingo permite pensar que esa aspiración existe: dejar de ser solamente el grupo que llevó a una gobernadora al poder para convertirse en un grupo político con capacidad de conducir el rumbo del Estado de México durante varios sexenios.
Higinio no habló como un aspirante. Habló como el fundador de un grupo político que no está dispuesto a convertirse únicamente en un capítulo de la historia de Morena. Aspira a seguir escribiéndola.
Porque las candidaturas duran seis años. Los grupos políticos, cuando logran consolidarse, buscan trascender generaciones.
Y el domingo, más que hablar de nombres, el Grupo Texcoco pareció empezar a preparar el guión del siguiente capítulo mexiquense.


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