Cuando Ecuador irrumpió en la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas , la respuesta del gobierno mexicano fue inmediata: rompió relaciones diplomáticas. El argumento fue contundente. La soberanía no admite excepciones. El derecho internacional tampoco.
Dos años después, México enfrenta una controversia distinta, pero que toca el mismo principio. La captura de Ismael «El Mayo» Zambada abrió una pregunta que sigue sin respuesta: ¿participó una agencia estadounidense en una operación realizada dentro del territorio mexicano sin autorización del Estado?
La investigación en curso
La Fiscalía General de la República sostiene que la información entregada por el FBI ha sido insuficiente y mantiene abierta una investigación. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha insistido en que lo que está en juego no es únicamente la detención de un narcotraficante, sino el respeto a la soberanía nacional.
Hasta aquí, los hechos.
La pregunta incómoda
El analista en seguridad Alberto Guerrero Baena planteó una pregunta incómoda: si se demuestra que una agencia estadounidense actuó unilateralmente en territorio mexicano, ¿no tendría que aplicarse el mismo criterio que se utilizó con Ecuador?
La reflexión no parte de simpatías hacia Estados Unidos ni de una postura antiestadounidense. Parte de un principio elemental: la soberanía vale lo mismo sin importar quién la vulnere.
Porque si la defensa de la soberanía depende del tamaño económico, militar o político del país involucrado, entonces deja de ser un principio para convertirse en una decisión de conveniencia.
La complejidad de romper con EE.UU.
Por supuesto, romper relaciones con Estados Unidos tendría consecuencias enormes. Es el principal socio comercial de México, existe una intensa cooperación en materia de seguridad y millones de mexicanos dependen de esa relación.
Precisamente por eso la decisión sería mucho más compleja que la tomada con Ecuador. Pero complejidad no significa incongruencia.
La prueba de consistencia
Si al final se acredita que ninguna autoridad estadounidense violó el territorio mexicano, el debate quedará cerrado. Pero si se demuestra lo contrario, el gobierno mexicano enfrentará una prueba de consistencia. La misma conducta no puede medirse con dos varas distintas.
Porque la soberanía, o se defiende frente a todos, o termina convirtiéndose en un discurso que cambia según el tamaño del vecino. Sobre todo cuando la 4T ha convertido el tema de la soberanía nacional en eje de su estrategia narrativa.


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