Opinión

Primera Fila | El PRI se dio un baño de ánimo. Ahora viene lo difícil

El PRI se dio un baño de ánimo el domingo. Ahora viene lo difícil: convertir el entusiasmo en votos. La confianza ciudadana, no las plazas, decide las urnas.

Por Horacio Morales

El domingo el PRI se dio un baño de ánimo. Ahora tendrá que demostrar que ese entusiasmo también se convierte en votos. Porque el ánimo une a la militancia; la confianza ciudadana lleva al poder.

Ayer domingo el PRI no ganó una elección. Tampoco recuperó un municipio ni un distrito. Pero sí consiguió algo que necesitaba con urgencia: darse un baño de ánimo.

Después de perder la gubernatura, de ver partir a buena parte de sus cuadros y de escuchar durante los últimos tres años que el partido estaba acabado, la dirigencia encabezada por Cristina Ruiz logró enviar un mensaje de optimismo a su propia militancia.

Ese era el objetivo del evento: demostrar que el PRI no sólo sigue de pie, sino también devolverle la confianza a una militancia que durante los últimos años había recibido más malas noticias que motivos para entusiasmarse. Además, el partido tomó ventaja en la definición anticipada de sus perfiles rumbo a la elección de alcaldes y diputados.

El ánimo importa

En política el estado de ánimo importa. Un partido convencido de que puede volver a competir trabaja distinto a uno resignado a ser oposición. Ahí radica el principal mérito del acto del domingo.

Cristina Ruiz parece haber entendido esa parte. La reconstrucción del PRI no empieza únicamente por reorganizar comités o nombrar estructuras; también pasa por recuperar la confianza de quienes siguen creyendo en el partido. Si algo hace bien la naucalpense, es transmitir pasión, coraje y energía.

El verdadero reto

Pero el verdadero reto apenas comienza. El PRI de hoy ya no juega con las mismas reglas que el PRI que gobernó el Estado de México durante casi un siglo. Antes tenía la Presidencia de la República, el Gobierno del Estado, la mayoría de los municipios y el control del Congreso. Contaba con la mayor parte de los operadores políticos, disponía de muchos más recursos económicos y buena parte de su estructura territorial crecía desde el ejercicio del poder. Hoy ocurre exactamente lo contrario.

Gran parte de aquellos cuadros hoy milita en Morena, en el Partido Verde o incluso en otros partidos. Los casos más recientes son David Parra , uno de los liderazgos políticos más conocidos de Naucalpan, que hoy busca competir bajo las siglas del PAN, y Miguel Ángel Ramírez Ponce, alcalde de Lerma, quien se perfila como candidato a una diputación por Morena.

Competir desde la oposición

Durante décadas el PRI compitió desde el poder. Hoy debe aprender a competir desde la oposición. Son dos oficios completamente distintos.

Los programas sociales, que durante años fueron una de las principales armas electorales del viejo régimen, cambiaron de operador político y con ello también cambió la forma de competir. La mayoría de los municipios y de los distritos electorales también está en manos de Morena o del Partido Verde, antiguo aliado priista. Además, el PRI enfrenta otra realidad: compite con muchos menos recursos financieros y operativos de los que tuvo durante décadas.

La siguiente batalla

La cobertura mediática del domingo también deja una lectura interesante. La conversación giró alrededor de la movilización, de la estructura, de los Defensores de México y de la capacidad del PRI para volver a reunir a los suyos. Pero prácticamente no apareció en el centro del debate una propuesta para enfrentar los grandes problemas que hoy preocupan a los mexiquenses: la inseguridad, el empleo, el crecimiento económico, el agua, la salud o la movilidad.

Eso no le resta mérito al evento. Simplemente muestra cuál es la siguiente batalla. Porque el domingo el PRI habló con su militancia. Ahora tendrá que hablarles a quienes dejaron de ser priistas y convencer a quienes nunca lo han sido.

El desafío de Arturo Montiel

Existe además otro asunto que el partido tampoco puede ignorar. La presencia de figuras como Arturo Montiel fortaleció a una parte importante de la estructura priista. Pero hacia afuera también revive una etapa que muchos ciudadanos identifican con el desgaste que terminó alejando al PRI del poder.

Ese equilibrio será uno de los desafíos más delicados. ¿Cómo proyectar renovación sin romper con su propia historia? La respuesta a esa pregunta también influirá en el resultado de 2027.

El desgaste de Morena no es suficiente

Hay, además, una realidad que el PRI no puede perder de vista: el eventual desgaste de Morena no garantiza automáticamente el regreso de la oposición. También tendrá que demostrar que aprendió de los errores que lo llevaron a perder el Estado de México y que hoy ofrece algo distinto a los ciudadanos.

Ánimo vs. confianza

El acto del domingo fue un éxito político, organizativo y mediático. Le devolvió optimismo a la militancia y volvió a colocar al PRI en la conversación pública. Eso es un hecho.

Pero la elección de 2027 no se decidirá en una plaza. Se decidirá municipio por municipio. Seccional por seccional. Casa por casa.

Ahí sabremos si los Defensores de México fueron solamente una buena idea para levantar el ánimo del priismo o si realmente lograron construir una nueva generación de liderazgos capaces de competir en un Estado de México completamente distinto al que el PRI gobernó durante décadas.

Porque el domingo el partido recuperó el ánimo de los suyos. Ahora tendrá que recuperar la confianza de quienes hace tiempo dejaron de creer en él.

Porque una plaza llena puede levantar el espíritu de un partido. Las urnas sólo las llena la confianza de los ciudadanos.

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