Opinión

Primera Fila | Morena cambió la conversación, pero reagrupó al PAN

Morena cambió la conversación con la detención de Ruffo, pero también reagrupó al PAN. El exgobernador se convirtió en símbolo y causa común para el panismo.

Por Horacio Morales

La justicia deberá determinar si Ernesto Ruffo participó o no en los delitos que se le imputan. Su historia política no lo coloca por encima de la ley, pero tampoco permite condenarlo antes de que la Fiscalía presente pruebas suficientes y un juez resuelva conforme a derecho.

Dicho eso, una cosa es el expediente y otra el efecto político que su detención ya comenzó a producir.

El oxígeno para Morena

Morena llevaba semanas a la defensiva por los señalamientos contra figuras como Marina del Pilar Ávila y Rubén Rocha Moya. La captura de uno de los personajes más emblemáticos del panismo cambió la conversación y le permitió al oficialismo responder a quienes lo acusan de tolerar vínculos entre políticos de la 4T y el crimen organizado.

La narrativa apareció de inmediato: el PAN de Felipe Calderón y Genaro García Luna no puede repartir certificados de honestidad; quienes acusan a Morena también tienen cuentas pendientes; el verdadero «narcopartido», sostienen desde el oficialismo, está del otro lado.

La detención de Ruffo no borra los señalamientos contra los morenistas ni responde las preguntas que existen alrededor de ellos. Pero sí reparte la presión, cambia el foco y le da oxígeno a Morena después de varias semanas incómodas.

Hasta ahí, el golpe parece rentable.

El efecto contrario: el PAN se reagrupa

El problema es que también está produciendo un efecto en sentido contrario. Ruffo llevaba años lejos del primer plano. No era dirigente nacional, candidato ni una figura cotidiana en la conversación pública. Sin embargo, su encarcelamiento volvió a colocarlo como símbolo del PAN que derrotó al PRI por primera vez y abrió la puerta a la alternancia en los estados.

Vicente Fox , exgobernadores, antiguos dirigentes y panistas que llevaban tiempo retirados o dispersos reaparecieron para pronunciarse sobre el caso. Algunos hablan de persecución política; otros, con mayor prudencia, exigen debido proceso y el mismo rigor para oficialistas y opositores.

La reacción no es menor. El PAN llevaba años sin encontrar una causa común, una narrativa capaz de reunir a sus distintas generaciones y un motivo para volver al centro de la discusión nacional.

Ruffo está consiguiendo desde la cárcel algo que sus dirigentes no habían logrado desde las oficinas del partido: reagrupar a una parte del panismo y devolverle presencia pública.

Lo que no significa

Eso no significa que Acción Nacional ya esté creciendo electoralmente ni que haya recuperado la confianza ciudadana. Volver a aparecer no es lo mismo que volver a convencer. El PAN sigue cargando con Calderón, García Luna, sus divisiones internas y una alianza con el PRI que terminó por borrar buena parte de su identidad.

Pero también es cierto que los partidos no se reconstruyen únicamente con encuestas. Primero necesitan una causa, un adversario, una historia que contar y una razón para volver a reunirse. El caso Ruffo empieza a darles esos elementos.

La lección de Maru Campos

El antecedente de Maru Campos está ahí. La ofensiva promovida desde Morena no terminó por arrinconarla; le permitió asumirse como blanco del oficialismo, elevar su perfil y fortalecer su presencia nacional. Los casos no son iguales y las acusaciones contra Ruffo son mucho más graves, pero la lección política es la misma: un golpe puede debilitar al adversario o convertirlo en bandera.

Todo dependerá de lo que ocurra con el expediente.

  • Si la Fiscalía demuestra con pruebas sólidas la participación de Ruffo, el daño para el PAN será profundo. No caerá solamente un exgobernador, sino uno de los personajes con los que el partido construyó parte de su historia democrática.
  • Pero si el caso se debilita, aparecen inconsistencias o se percibe un trato distinto frente a personajes de Morena, Ruffo podría pasar de acusado emblemático a símbolo de una justicia selectiva.

Por eso todavía no puede decirse si su detención fue un acierto o un error político para Morena. Eso se sabrá con el tiempo.

Morena encontró oxígeno cuando más lo necesitaba. El problema es que, al golpear a Ruffo, también volvió a poner a respirar al PAN.

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