Durante siete meses, especialistas en geología, geofísica, hidrogeología e interferometría satelital estudiarán el subsuelo de la capital mexiquense para ubicar fallas y fracturas, medir cuánto se mueve el terreno y determinar qué peso tienen factores como la extracción de agua, las características del suelo y la propia estructura geológica del Valle de Toluca.
El proyecto fue presentado este jueves por el alcalde Ricardo Moreno durante La Toluqueña y será el primer estudio integral de este tipo solicitado por un municipio del país a la Universidad Nacional Autónoma de México.
El estudio fue solicitado después de que vecinos de distintas colonias reportaran grietas, fracturas y hundimientos, lo que llevó al Ayuntamiento a buscar una evaluación científica integral del subsuelo.
La investigación parte de una premisa que los propios científicos dejaron clara: todavía no puede señalarse una causa única de los hundimientos.
La extracción de agua subterránea puede influir, pero también existen fallas geológicas, diferencias entre los materiales del subsuelo, sedimentos de distintos espesores y características propias de una cuenca formada durante miles de años.
«Necesitamos bases científicas antes que cualquier otra cosa», sostuvo Ricardo Moreno.
No es un problema que apareció ayer
David J. Zamudio Ángeles, responsable de la parte geológica del estudio, explicó que encontraron antecedentes de fracturamientos desde al menos 2004.
«El fracturamiento tiene mucho, mucho tiempo. No es de ayer», señaló.
La intención será saber dónde están las principales fallas y fracturas, cuáles podrían cruzar la zona urbana y qué relación guardan con los hundimientos que hoy se observan en distintos puntos de Toluca.
Los investigadores también advirtieron que una falla puede existir debajo de la ciudad sin necesariamente ser visible en la superficie.
Por eso, observar únicamente una grieta, un desnivel o un hundimiento no basta para saber qué está ocurriendo debajo.
Satélites para saber cuánto se mueve Toluca
Una de las herramientas más importantes será la interferometría InSAR.
Nelly Ramírez, responsable de esta parte del proyecto, explicó que se utilizarán imágenes satelitales tomadas en diferentes momentos para detectar pequeños cambios en la superficie.
Eso permitirá determinar cuánto se ha hundido el terreno, dónde ocurre y cómo ha evolucionado con el paso del tiempo.
La tecnología puede detectar movimientos con precisión milimétrica.
Después, esa información se cruzará con la ubicación de fallas, fracturas, pozos, composición del terreno y niveles del agua subterránea.



El agua: parte del problema, pero no toda la explicación
Durante la sesión de preguntas, una de las dudas centrales fue si los hundimientos de Toluca son consecuencia de la extracción excesiva de agua.
Los científicos evitaron dar una respuesta simplista.
El agua importa, pero no actúa sola.
El Valle de Toluca se encuentra asentado sobre una cuenca rellena de distintos materiales volcánicos y sedimentarios, con espesores y características diferentes.
A eso se agregan las fallas geológicas y la forma irregular del subsuelo.
Elsa Leticia Flores, responsable del estudio hidrogeológico, explicó que se analizarán los volúmenes de extracción y la recarga del acuífero para conocer si existe un equilibrio entre el agua que entra al sistema y la que se utiliza.
Los especialistas recurrieron a una imagen sencilla para explicarlo: una esponja.
Si determinados estratos almacenan agua y ésta se extrae sin una recarga suficiente, esos materiales pueden compactarse.
Pero incluso ese proceso depende de cómo están constituidos los estratos, de su profundidad y de las estructuras geológicas presentes.
Por eso, dijeron, no puede concluirse de antemano que cada grieta o hundimiento tenga el mismo origen.
Una radiografía eléctrica del subsuelo
Otra parte del trabajo consistirá en realizar tomografías de resistividad eléctrica en dos y tres dimensiones.
René Chávez, responsable de estos estudios, explicó que se colocarán electrodos —varillas metálicas que deben entrar en contacto con el suelo natural— conectados mediante cables a equipos especializados.
A través de ellos se envía corriente eléctrica y se mide cómo responde el subsuelo.
Los distintos materiales ofrecen diferentes niveles de resistencia al paso de la corriente, lo que permite identificar cambios asociados con humedad, sedimentos, materiales consolidados, fracturas o posibles cavidades.
Después, esos datos son procesados hasta convertirlos en imágenes que muestran lo que existe debajo del terreno.
El Hospital 221, bajo observación
Uno de los puntos que recibirá atención especial será el área cercana al Hospital de Ginecología y Obstetricia número 221 del IMSS.
En recorridos técnicos realizados previamente fueron observadas fracturas tanto en los alrededores del hospital como en zonas habitacionales cercanas.
La idea inicial era realizar un perfil bidimensional, pero después de revisar la problemática se decidió ampliar el análisis para construir una imagen tridimensional de una superficie mayor.
El objetivo será determinar si las fracturas visibles continúan a profundidad, qué materiales existen debajo y si hay estructuras que expliquen los daños observados.
Durante estos trabajos podrán aparecer temporalmente cables y varillas en algunas calles.
Los especialistas pidieron a la población no tocarlos, moverlos ni patearlos, porque además de alterar las mediciones se trata de equipos que trabajan con corriente eléctrica.
Primeros resultados antes de los siete meses
Aunque el proyecto completo se desarrollará durante siete meses, algunos estudios comenzarán a generar información antes.
Los especialistas señalaron que durante los primeros tres meses podrían obtenerse resultados iniciales de varias disciplinas.
El valor principal estará en la integración final.
La intención es cruzar geología, mediciones satelitales, estudios del agua y tomografías para construir un modelo que explique cómo funciona el subsuelo de Toluca como un sistema.
¿Y si encuentran una zona de alto riesgo?
La pregunta también surgió durante La Toluqueña.
Los especialistas explicaron que este tipo de estudios permite elaborar posteriormente mapas de riesgo y vulnerabilidad para identificar sitios donde la presencia de fallas o deformaciones requiere medidas especiales.
Eso puede traducirse en restricciones, criterios de construcción, vigilancia permanente o acciones preventivas.
Por ahora, sin embargo, señalaron que no existe información que permita hablar de un riesgo generalizado para la población de Toluca.
Justamente para eso servirá la investigación: para diferenciar zonas, evitar generalizaciones y determinar dónde sí deben concentrarse las medidas de prevención.
«Queremos dejar atrás las suposiciones»
Ricardo Moreno insistió en que el estudio no busca generar alarma.
El propósito, dijo, es sustituir las especulaciones por datos científicos.
«Queremos dejar atrás las suposiciones y contar con respuestas sustentadas en ciencia», explicó.
Los resultados serán incorporados al Atlas Municipal de Riesgos y podrán utilizarse en decisiones de Desarrollo Urbano, Protección Civil y Agua y Saneamiento.
También podrán servir a autoridades estatales y federales y a instalaciones estratégicas como el Aeropuerto Internacional de Toluca.
Moreno señaló que la información parcial y final será pública.
«Tecnología que no se pone al servicio de la gente no sirve para nada», afirmó.
Al final, el estudio deberá responder preguntas que Toluca arrastra desde hace años:
¿Dónde se está hundiendo el terreno? ¿Cuánto se mueve? ¿Qué fallas pasan debajo de la ciudad? ¿Qué papel juega la extracción de agua? ¿Y cuáles zonas requieren medidas especiales?
Durante los próximos siete meses, las respuestas se buscarán no solamente en las grietas que ya pueden verse.
También, literalmente, debajo de los pies de los toluqueños.


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