Por José Manuel Rueda Smithers
Me distraje Y me sentí muy cómoda En esa relación.
Un atisbo de ilusión Oscureció mis ojos
Y lo que se suponía que era una excepción
Empecé a ver como regla.
Las palabras no dichas Las palabras (mal)ditas) …
Y cuando abrí los ojos Ya estaba en un camino sin retorno.
Poema Distracción de Eli R
Hay momentos en que un gobierno debería hablar menos de sí mismo y escuchar más lo que ocurre fuera de sus oficinas.
Sobre todo, cuando la realidad ya le incomoda.
La presentación de Coordinadores y Coordinadoras Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, como parte de una ruta de organización territorial, parece responder justamente a esa necesidad: mostrar organización, unidad y capacidad de movilización política cuando lo que está en juego no es solamente la estructura de un partido, sino la credibilidad de un gobierno.
Usan un discurso conocido y vago. Hablan de construir un bloque unido, organizado y competitivo, capaz de profundizar la llamada Cuarta Transformación y defender la soberanía nacional.
Pero la soberanía de un país no se defiende con coordinadores estatales, fotografías partidistas ni discursos preparados.
Se defiende haciendo valer la ley.
Se defiende demostrando que el Estado tiene capacidad para gobernar.
Se defiende garantizando seguridad.
Se defiende evitando que territorios enteros queden sometidos a poderes criminales.
Y ése es precisamente el problema.
Mientras la política organiza estructuras para sostener una narrativa, la realidad continúa mucho más incómoda.
El escenario de investigaciones y señalamientos provenientes de Estados Unidos sobre personajes vinculados, directa o indirectamente, con estructuras políticas mexicanas ha colocado al gobierno ante una situación particularmente delicada. Y cuando la respuesta consiste principalmente en hablar de soberanía, unidad partidista y transformación, resulta inevitable pensar que se intenta cambiar el tema.
La comunicación política tiene una regla elemental: cuando la realidad contradice demasiado al discurso, repetir el discurso no corrige la realidad.
La hace más evidente.
Los gobiernos anteriores son acusados de utilizar propaganda para esconder sus errores. Hoy, quienes llegaron al poder prometiendo una transformación profunda recurren cada vez más a las mismas herramientas que antes denunciaban.
Cambian las palabras.
Permanece la estrategia.
Y aparece una contradicción todavía mayor.
La llamada Cuarta Transformación ha hecho de la honestidad una de sus principales banderas. La repite hasta convertirla casi en una profesión de fe. Pero la honestidad no puede ser un eslogan gubernamental. Es una obligación que se demuestra con hechos.
Si existen denuncias de corrupción, deben investigarse.
Si existen responsabilidades, deben acreditarse.
Si no existen, deben aclararse.
Lo que no funciona es convertir cada cuestionamiento en una conspiración, cada crítica en una campaña de la ultraderecha y cada señalamiento en un ataque contra la transformación.
Porque llega un momento en que la ciudadanía deja de preguntar quién tiene razón y pregunta algo mucho más sencillo:
¿Por qué tienen que explicarlo tanto?
Este segundo semestre del año pone al gobierno federal ante un dilema que no podrá resolver únicamente con organización territorial.
Necesita demostrar que existe una conducción propia y que las decisiones no están condicionadas por herencias políticas.
Que la seguridad es responsabilidad del Estado y no una variable negociable.
Que la soberanía no es una palabra para utilizar cuando conviene.
Y, sobre todo, que el poder presidencial no consiste únicamente en tener el cargo. Exige ejercerlo.
Quizá por eso los analistas no hablan de quién defenderá la transformación, sino de qué transformación necesita defenderse de la realidad. Y eso les duele.
Porque un gobierno puede organizar a miles de personas para defender su discurso.
Lo que todavía no puede organizar es a la realidad para que deje de contradecirlo.
Y la realidad, a diferencia de la propaganda, tiene la desagradable costumbre de no obedecer instrucciones.


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