Opinión

Cultura Impar | El peligro de gobernar sin espejo

Por José Manuel Rueda Smithers

El peligro de gobernar sin espejo

El espejo como necesidad del poder y responsabilidad de quienes lo sostienen.

Quien está seguro de sus decisiones no necesita destruir la pregunta.

Hay algo profundamente peligroso en gobernar sin espejo.

No porque el poder necesite verse bien. Precisamente lo contrario: necesita verse como es. Un espejo no está para halagar. Está para mostrar. Y, a veces, lo que devuelve puede resultar incómodo.

Los medios independientes, los periodistas, los columnistas, los analistas y quienes desde distintos espacios cuestionan las decisiones públicas cumplen, en cierta manera, esa función. Son parte de los espejos que permiten al poder observar aquello que no siempre aparece en los informes oficiales, en los discursos o en las oficinas donde se toman las decisiones.

Por eso preocupa cuando desde el poder se intenta cerrar espacios, retirar apoyos, desacreditar voces incómodas o sustituirlas por aquellas que ofrecen una imagen más conveniente.

Pero hay algo que debemos mirar con mayor cuidado.

El peligro no está solamente en quienes rompen los espejos.

También está en quienes los sostienen.

Porque un periodista que deja de preguntar por miedo, un directivo que prefiere no incomodar, un comunicador que confunde información con propaganda o un funcionario que considera cualquier cuestionamiento como una agresión forman parte, consciente o inconscientemente, del mismo problema.

Un espejo también puede dejar de reflejar por miedo a que lo rompan.

Y entonces sucede algo extraño: un gobierno puede recibir cada día más información y, al mismo tiempo, conocer cada vez menos de la realidad.

Quien está seguro de sus decisiones no necesita destruir la pregunta.

Puede escucharla. Puede discutirla. Puede demostrar que está equivocada.

Quien está convencido de su argumento puede enfrentarse al argumento contrario.

No necesita convertir en enemigo al que piensa diferente. La crítica es uno de los mecanismos que permiten corregir.

La respuesta a un espejo que distorsiona no está en romper otros espejos, sino en colocar y comparar.

Porque un medio no tiene como única obligación publicar. Tiene que investigar, contrastar, explicar y asumir las consecuencias de lo que afirma. Un periodista no necesita ser enemigo del gobierno para ejercer su oficio con independencia. Un funcionario tampoco necesita convertirse en enemigo de la prensa para defender una decisión.

Todos necesitan algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: no tenerle miedo a la realidad.

Gobernar tampoco consiste en conseguir que todos estén de acuerdo. Debe convencer.

Cuando un poder comienza a rodearse exclusivamente de voces afines, el problema no es solamente que desaparezca una opinión incómoda. Desaparece una posibilidad de corrección.

Y romper el espejo no cambia el rostro. La crítica es uno de los mecanismos que permiten corregir.

La historia política ha mostrado que esta tentación no pertenece a una ideología específica. La vemos en gobiernos de izquierda o de derecha, bajo discursos democráticos o nacionalistas, con distintas formas y justificaciones. El mecanismo es el mismo: reducir progresivamente el espacio de la contradicción hasta terminar creyendo que dejó de existir.

La contradicción no desaparece, se desplaza.

Encuentra otros medios, otras plataformas, otras conversaciones y, finalmente, otros caminos para hacerse escuchar.

Y quizá por eso necesitamos recuperar una Cultura Impar en la que nadie tenga que sentirse dueño de la verdad: ni quien gobierna, ni quien informa, ni quien critica.

Porque una democracia no se fortalece cuando todos miran en la misma dirección.

Se fortalece cuando podemos mirarnos desde distintos ángulos y todavía somos capaces de conversar.

En una segunda parte hablaremos de eso.

De lo que ocurre cuando los espejos desaparecen no solamente alrededor del poder, sino también frente a una sociedad que, saturada de información, puede terminar perdiendo algo mucho más importante:

la capacidad de pensar por sí misma.

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