Tecámac ya estaba políticamente caliente antes del ataque contra Carlos Galindo. La ruptura entre la alcaldesa Rosi Wong y la senadora Mariela Gutiérrez dividió al grupo que gobernó unido durante años y convirtió al municipio en uno de los focos políticos que habrá que seguir rumbo a 2027. La confrontación entre ambas ya había trascendido públicamente desde hace meses.
Por eso el ataque contra Galindo adquiere inevitablemente una dimensión política, sin que eso signifique atribuirle a alguien un móvil que hasta ahora no ha sido establecido por las autoridades.
Galindo no es un personaje secundario en esa historia. Durante años fue uno de los hombres más cercanos a Mariela Gutiérrez, su pareja sentimental y considerado dentro del grupo como su principal operador. Conoció desde dentro la construcción del proyecto político que llevó a Morena al control de Tecámac.
Hoy Galindo se encuentra del lado de Rosi Wong y su nombre ya había quedado en medio del enfrentamiento entre la alcaldesa y su antecesora. Mariela llegó incluso a señalarlo públicamente como uno de los personajes que ejercían influencia sobre la actual administración.
«No sé el móvil, pero…»
Pero después del ataque ocurrió algo que elevó todavía más la tensión.
El propio Galindo difundió un mensaje en el que aseguró desconocer el móvil de la agresión, pero inmediatamente recordó que desde la ruptura política ha sido objeto de señalamientos, hostigamiento y amenazas por parte del equipo de quien describió como una figura con un cargo de representación popular de amplia visibilidad. No pronunció el nombre de Mariela Gutiérrez, pero la referencia fue suficientemente clara por el contexto: incluso sostuvo que, fuera de ese conflicto, no ha recibido amenazas ni mantiene problemas con nadie más.
La línea que no debe cruzarse
Una cosa son las diferencias, acusaciones y rupturas entre grupos políticos y otra, completamente distinta, establecer quién ordenó un ataque armado. Hasta ahora no existe información pública de la Fiscalía que permita cruzar esa línea. Corresponde a la investigación determinar el móvil, identificar al agresor y establecer si existe o no alguna relación con el conflicto político.
La Secretaría General de Gobierno, encabezada por Horacio Duarte, y el Congreso mexiquense deben mantenerse atentos a la evolución de una confrontación política que ya venía escalando antes del ataque. No se trata de prejuzgar ni de intervenir en una disputa interna, sino de evitar que las tensiones sigan creciendo en un municipio que entra al proceso electoral con una fractura política evidente.
Y a la Fiscalía le corresponde despejar cuanto antes la principal incógnita: qué hay detrás del ataque contra Carlos Galindo.


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