Algo pasa en la Orquesta Sinfónica del Estado de México. Y no parece menor.
Mientras el gobierno estatal celebra los 55 años de la agrupación, anuncia más de 30 conciertos en distintos municipios y prepara una gira por cinco estados del sureste mexicano, entre sus músicos han surgido denuncias de amenazas, precarización laboral, despidos, modificaciones de plazas y presiones para guardar silencio por temor a represalias.
A Edoméx Ahora han llegado testimonios de integrantes de la OSEM que describen un ambiente laboral muy distinto al que proyecta la promoción oficial de sus actividades.
El más reciente, entregado bajo reserva de identidad, contiene señalamientos concretos que ameritan una explicación de la Secretaría de Cultura y Turismo, encabezada por Nelly Carrasco.
Los señalamientos
Uno de los más delicados es el presunto cambio en los Formatos Únicos de Movimiento de Personal: músicos que aseguran haber pasado de plazas generales a plazas de confianza sin aviso previo ni justificación. Según la denuncia, esa nueva condición habría sido utilizada incluso para advertirles sobre la posibilidad de perder el empleo.
También se acusa la imposición de una jornada administrativa de 40 horas semanales, que habría generado incompatibilidades para quienes simultáneamente impartían clases en el Conservatorio de Música del Estado de México; restricciones a permisos para desarrollo artístico y reducción de periodos vacacionales.
En 2025 hubo denuncias de profesores del Conservatorio, varios de ellos integrantes de la OSEM, que acumulaban más de seis meses sin recibir sus pagos. El conflicto involucraba solicitudes de compatibilidad de horarios para quienes combinaban la actividad docente con su trabajo en la orquesta.
Nelly Carrasco aseguró entonces que se estaban atendiendo las inconformidades y realizando ajustes administrativos.
Ahora, los nuevos testimonios vuelven a colocar las condiciones laborales de los músicos en el centro de la discusión.
Los conciertos y la gira
La OSEM ha incrementado sus presentaciones fuera de sus escenarios habituales, una estrategia que permite presumir mayor cobertura cultural. Los músicos, sin embargo, aseguran que detrás de esos números existen conciertos bajo lluvia, frío o sol, en espacios sin condiciones adecuadas para protegerlos a ellos y a sus instrumentos.
Denuncian además traslados prolongados en autobuses en malas condiciones y presentaciones extraordinarias relacionadas con actividades gubernamentales que, según los testimonios, serían obligatorias para algunos integrantes y sin remuneración adicional.
El asunto cobra relevancia ahora que la orquesta está por emprender, del 18 al 25 de octubre, la denominada Gira Tren Maya, con actividades en Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
La gira representa una oportunidad para llevar la música sinfónica a nuevos públicos, pero también plantea preguntas sobre las condiciones de transporte, hospedaje, descanso, viáticos y remuneración de quienes participarán en ella.
Las acusaciones a la dirección
Los señalamientos alcanzan a la administración de Nelly Carrasco, a funcionarios de su entorno y también al director de la OSEM, Rodrigo Macías, a quien algunos integrantes acusan de no defender suficientemente a los músicos y de recurrir a intimidaciones frente al descontento interno.
Las acusaciones no pueden asumirse automáticamente como hechos comprobados. Pero tampoco pueden verse como una inconformidad aislada.
Desde 2019, durante la propia gestión de Macías, músicos de la OSEM denunciaron públicamente despidos, malos tratos y temor a represalias. Incluso integrantes acudieron entonces ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.
Siete años después, vuelven a aparecer señalamientos sorprendentemente parecidos.
Las preguntas pendientes
Por eso Cultura tendría que aclarar:
- ¿Cuántas plazas fueron modificadas?
- ¿Cuántos músicos han sido separados recientemente y por qué motivos?
- ¿Existen adeudos con músicos invitados?
- ¿Quién autoriza las presentaciones extraordinarias y bajo qué condiciones laborales se realizan?
La OSEM es demasiado importante para el Estado de México como para que las denuncias de sus integrantes permanezcan sin una explicación pública.
Su prestigio, construido durante más de medio siglo, no depende únicamente de sus conciertos, giras y reconocimientos. También de las condiciones en que trabajan quienes hacen posible su música.
Y hay una pregunta que Nelly Carrasco y Rodrigo Macías deberían tomarse en serio:
¿Por qué hay músicos de la Sinfónica que todavía sienten que para denunciar lo que ocurre dentro tienen que esconder su nombre?


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