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Primera Fila | Morena reaccionó rápido: porque el caso Tecámac sacudió la narrativa soberanista

Morena reaccionó rápido: caso Tecámac sacudió la narrativa soberanista. El riesgo no era la explosión, sino que la CIA operara en territorio controlado por el partido.

Por: Horacio Morales

La 4T negó presencia de la CIA en Edoméx… pero las dudas se colaron en la narrativa soberanista de Morena.

La verdadera dimensión política del caso Tecámac nunca estuvo solamente en la explosión de la camioneta en la que murieron dos narcotraficantes, ni siquiera en el reportaje de CNN que atribuye la autoría del suceso a agentes de la CIA en territorio mexiquense. El verdadero problema fue otro: el riesgo narrativo y político que implicaba para el gobierno federal.

Porque el tema tocó uno de los pilares discursivos más importantes de la 4T: la defensa de la soberanía nacional y la no intervención extranjera.

La reacción inmediata

La reacción fue inmediata. Omar García Harfuch rechazó categóricamente la versión; la Fiscalía General de Justicia del Estado de México negó haber confirmado información a CNN; posteriormente hasta la propia CIA salió a desmentir el reportaje calificándolo de falso y sensacionalista; y finalmente la presidenta Claudia Sheinbaum endureció todavía más la respuesta desde la mañanera.

La mandataria calificó la versión como una «ficción del tamaño del universo» , acusó que se trataba de una construcción «falsa y sensacionalista» y sostuvo que en México no existen operaciones de la CIA contra cárteles fuera de los mecanismos legales de cooperación e intercambio de información entre ambos países. Incluso señaló que algunos medios y comentaristas parecían buscar confrontar a México con Estados Unidos y normalizar la idea de operaciones extranjeras dentro del territorio nacional.

El fondo político

Y la velocidad de toda esa reacción no fue casual. El gobierno federal entendió rápidamente el tamaño del incendio político que podía provocar la idea de una presunta operación encubierta estadounidense en pleno Estado de México, cerca del AIFA y dentro de una entidad políticamente asociada al control territorial y narrativo de Morena.

Porque aceptar una versión de ese tipo habría abierto interpretaciones delicadas: desde una posible operación unilateral extranjera hasta cuestionamientos sobre la capacidad del Estado mexicano para mantener el control pleno de temas de seguridad y crimen organizado dentro de su territorio. Y eso habría chocado frontalmente con uno de los discursos más recurrentes de la 4T: la defensa de la soberanía y la resistencia frente a cualquier forma de injerencia externa.

Ahí está el verdadero fondo político del caso.

El giro del New York Times

Sin embargo, conforme avanzaron las horas, el tema tomó un giro todavía más interesante cuando se conoció la versión atribuida al New York Times. A diferencia de CNN, cuya narrativa apuntaba prácticamente a una operación directa de la CIA en México, la versión retomada por distintos medios planteaba algo distinto: que la agencia estadounidense habría colaborado con labores de inteligencia, localización y seguimiento, pero no necesariamente con presencia operativa directa en el terreno. Lo extraño, sin embargo, sigue siendo la explosión del narcoauto.

Porque una cosa es hablar de agentes extranjeros ejecutando operaciones en México y otra muy distinta es hablar de cooperación de inteligencia, intercambio de información o apoyo tecnológico entre gobiernos, algo que históricamente sí ha existido en distintos niveles entre México y Estados Unidos.

El fantasma de Chihuahua

Pero incluso bajo esa versión más moderada, el problema político seguía siendo delicado. Porque el tema inevitablemente terminaba conectando con otro episodio reciente: Chihuahua.

En aquel caso, el reconocimiento sobre presencia de agentes estadounidenses detonó una ofensiva política de Morena contra la gobernadora panista María Eugenia Campos. El discurso soberanista se endureció rápidamente; aparecieron acusaciones relacionadas con presunta colaboración indebida con agencias extranjeras e incluso Morena se lanzó contra la panista con solicitudes de juicio político por «traición a la patria».

En Chihuahua el tema golpea directamente a una gobernadora del PAN y permite convertir el discurso soberanista en herramienta política contra la oposición.

Pero en Tecámac y el Estado de México el escenario cambia completamente. El caso aparece cerca del AIFA, involucra territorio gobernado por Morena y surge además en medio de una creciente presión de Estados Unidos sobre narcotráfico, seguridad y acusaciones de presuntos vínculos criminales de actores políticos mexicanos, incluido Rubén Rocha Moya.

El choque abierto

Por eso el tema escaló tan rápido… y por eso mismo intentó desactivarse igual de rápido. Sin embargo, que una versión sea desmentida no significa necesariamente que el daño narrativo desaparezca por completo. Porque una vez instalada públicamente una hipótesis de este tipo, comienzan inevitablemente las dudas, las sospechas, las comparaciones y las interpretaciones políticas.

Y hay un dato adicional que vuelve todavía más delicado el episodio: CNN no reculó. A pesar de los desmentidos del gobierno mexicano, de la Fiscalía mexiquense, de la CIA e incluso de la propia presidenta, la cadena estadounidense sostuvo públicamente su reportaje y aseguró que mantenía la información presentada por sus fuentes.

La señal más interesante

Y quizá la señal más interesante apareció justamente en redes sociales. A pesar de los desmentidos de Harfuch, la Fiscalía mexiquense, la propia CIA e incluso de la respuesta frontal de Sheinbaum, comenzaron a multiplicarse comentarios, ironías y cuestionamientos comparando el caso Tecámac con Chihuahua, incluso dentro de publicaciones oficiales del propio secretario de Seguridad federal.

De hecho, muchos usuarios comenzaron no solo a cuestionar la versión oficial, sino incluso a trasladar el mismo discurso político utilizado por Morena en Chihuahua hacia el Estado de México y la propia gobernadora Delfina Gómez, con comentarios que hablaban de «traición a la patria», «juicio político» o presunta permisividad frente a agencias estadounidenses.

La narrativa como herramienta

Y ahí aparece quizá el dato más relevante de fondo: lo importante ya no era comprobar si CNN exageró o si la versión atribuida al New York Times era más precisa. Lo verdaderamente significativo era observar cómo la narrativa soberanista que Morena ha utilizado durante años comenzaba ahora a ser usada también por sus críticos como herramienta de desgaste político.

Porque si algo entiende Morena rumbo a 2027 es que la soberanía nacional no es solamente un discurso ideológico: es uno de sus principales recursos persuasivos y electorales.

Por eso el gobierno reaccionó tan rápido. Porque entendió que el problema no era solamente una nota internacional ni una explosión en Tecámac. El verdadero riesgo era permitir que comenzara a instalarse públicamente la percepción de que agencias estadounidenses podrían operar —directa o indirectamente— dentro de territorios política y simbólicamente asociados al control de Morena.

Y eso, rumbo a 2027, sí podía convertirse en un problema narrativo mucho más profundo.

«La narrativa, la narrativa…», dirían desde Palenque.

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