Opinión

Cuando un instante pretende borrar una trayectoria

«La velocidad del juicio público suele ser inversamente proporcional a la profundidad de la reflexión.»

✍🏻 Fernando Flores D.

Hay momentos en la vida en los que todo parece marchar en armonía. Disfrutamos nuestro trabajo, encontramos satisfacción en lo que hacemos y avanzamos con la convicción de estar aportando algo positivo a nuestra comunidad. Sin embargo, también existen instantes en los que el temple se fractura, las emociones nos rebasan y una reacción humana nos aleja, aunque sea brevemente, del equilibrio que normalmente procuramos mantener.

Lo preocupante no es que eso ocurra. Lo verdaderamente preocupante es la velocidad con la que la sociedad moderna ha aprendido a condenar. Pareciera que hemos perdido la capacidad de ponderar trayectorias, de valorar contextos y de distinguir entre un momento desafortunado y toda una vida de trabajo.

Vivimos tiempos en los que una imagen puede pesar más que una obra; un instante, más que una trayectoria; y un error, real o percibido, más que años de resultados. La prudencia ha sido sustituida por la sentencia inmediata y el análisis por la condena pública. En medio de ese escenario aparecen siempre quienes encuentran en la dificultad ajena una oportunidad para el ataque fácil, para la descalificación automática y para hacer leña del árbol caído.

Grupo de personas celebrando con banderas a cuadros en una calle, participando en un evento comunitario.

Es precisamente ahí donde vale la pena detenerse y reflexionar.

Más allá de cualquier circunstancia coyuntural, nadie puede negar que @Fernando Flores Fernández ha dedicado una parte importante de su vida al servicio público y que durante su gestión Metepec ha experimentado transformaciones visibles que han fortalecido la imagen, la seguridad, la infraestructura y la calidad de vida de miles de familias. Las obras realizadas, los espacios recuperados y los proyectos impulsados no desaparecen por la fuerza de una polémica ni por el ruido de las redes sociales.

La crítica es legítima y el escrutinio público forma parte inherente de toda responsabilidad gubernamental. Pero también es legítimo preguntarse si una persona debe ser definida exclusivamente por un momento específico, ignorando todo aquello que ha construido a lo largo de los años.

Cuatro hombres en un evento de inauguración, sosteniendo una cinta azul para cortarla, con un sitio de construcción al fondo.

Ningún ser humano está exento de equivocarse, de reaccionar emocionalmente o de enfrentar situaciones complejas. Quienes hoy juzgan con severidad absoluta deberían preguntarse si estarían dispuestos a que toda su existencia fuera evaluada únicamente a partir de uno de sus peores momentos.

La verdadera dimensión de las personas no se conoce cuando todo marcha bien. Se conoce cuando enfrentan la adversidad, cuando son sometidas al juicio público y cuando deben levantarse para seguir adelante pese a las críticas, las especulaciones y las descalificaciones.

Por ello, tocayo, quiero expresarte públicamente mi solidaridad en este momento. Porque antes que funcionario eres un ser humano, y porque más allá de cualquier circunstancia pasajera, las obras permanecen, la trayectoria permanece y el trabajo realizado permanece.

Las tormentas mediáticas pasan. La verdad termina encontrando su lugar. Y la historia suele ser más justa que los juicios apresurados de una época acostumbrada a condenar antes de comprender.

Porque los hombres públicos deben responder por sus actos, sí; pero una sociedad madura también debe ser capaz de juzgar una trayectoria completa y no únicamente un instante.

El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.

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