Alejandra Gallegos vivió violencia desde la infancia. A los 19 años huyó de su casa en Torreón, Coahuila, porque los golpes de su madre eran casi diarios. «Una noche en especial llegó a golpearme con un martillo» , relata. Pero la violencia no terminó allí, era solo el comienzo de una vida donde la familia no es sinónimo de hogar.
Su destino fue Guadalajara, donde la vida no le sonrió. Conoció a quien sería el padre de sus hijos, un hombre adicto al opio, la marihuana, la piedra y al alcohol. Con el tiempo, la violencia se extendió hacia sus dos hijos, a quienes Alejandra siempre mantuvo y apoyó sola.
En 2020, su hijo menor fue víctima de abuso sexual infantil agravado. Ella denunció sola y se movió sola, un sentimiento que no desconocía por sus antecedentes familiares.
El año pasado, después de años de maltratos y amenazas de muerte, Alejandra decidió dejar a su pareja y regresó a Torreón con sus hijos. Sabía que volvía a casa de su madre, su agresora, pero sus opciones eran pocas. Solo se quedó un mes. Le dio 25 mil pesos a su madre y 33 mil a su hermano, además de cubrir todos los gastos de la casa. «Ella no trabaja y tampoco mi hermano, ya que es alcohólico» , explica.
El 31 de diciembre, en plena cena de Año Nuevo, su madre amenazó con un cuchillo a su hermano y a ella. Alejandra salió corriendo en la madrugada con sus hijos, una época para estar en familia se convertía en pesadilla, resultado de una madre que en lugar de ser refugio, se volvió peligro para Alejandra y sus pequeños.
En enero, encontró una nueva pareja y rentaron un lugar. Su madre, según Alejandra, no lo aceptó porque perdía el dinero que ella le daba. Las discusiones continuaron y, a pesar de todo, ella quiso fomentar la convivencia entre sus hijos y su abuela.
Aún embarazada, los problemas siguieron
Alejandra relata que del 25 al 31 de mayo, su madre acudió varias veces a su domicilio a agredirlos. El domingo 31 de mayo ocurrió lo más fuerte: intentaron ingresar a la fuerza, rompieron vidrios y los amenazaron. «Cada uno de los eventos cuenta con reporte policial» , asegura.
Pero lo peor vino el 1 de junio. Alejandra y su novio fueron detenidos por elementos policiales, a pesar de que su novio mostró una medida de protección. En un video que ella misma grabó, se observa al policía de lentes, identificado como Yonari Castrejón, orquestando la detención que ella califica como ilegal.
Ambos fueron llevados a prisión. «Tampoco les importó ponerme en la misma celda con mi agresora, quien continuaba agrediéndome psicológica y verbalmente» , denuncia. Alejandra permaneció detenida hasta el 3 de junio, cuando su prima pagó su fianza y pudo recuperar a sus hijos.
«Una mujer no puede denunciar a otra»
El golpe más duro llegó después. Su madre, siendo la agresora, acudió al Instituto de la Mujer y denunció a la pareja de Alejandra por violencia familiar, sin pruebas. Ahora él está citado para una imputación.
Cuando Alejandra acudió al mismo instituto para denunciar a su madre, recibió una respuesta que la dejó atónita: «Me dijeron que una mujer no puede denunciar a otra y que ellos no podían hacer nada» .
Alejandra Gallegos no solo denuncia a su madre y a su expareja. Su testimonio, respaldado por videos, reportes policiales y una historia de violencia documentada, pone también bajo la lupa la actuación de las autoridades y la forma en que las instituciones que deben proteger a las víctimas de violencia de género pueden terminar revictimizándolas.


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